De Federico González Suárez (1844-1917). Es la obra monumental del austero y probo historiador que llegara a ser arzobispo de Quito. Para escribirla debió él mismo buscar las fuentes remotas, copiar textos de los archivos españoles o realizar excavaciones con las que inició, al mismo tiempo, la investigación arqueológica. Consideró la historia, más que como la enumeración de sucesos pasados, como la gran lección de moral de los pueblos. Apasionado por la verdad, no vaciló en denunciar, aun siendo sacerdote, los escándalos de la vida licenciosa en los conventos de frailes y monjas, durante la Colonia. Su Historia general de la República del Ecuador, de la que publicó siete tomos que abarcan solamente desde las tribus aborígenes de antes del descubrimiento de América hasta el final de la Colonia, provocó contra él rechazo y acusaciones que le movieron a escribir su Defensa de mi criterio histórico. González Suárez fue, además, varón ilustre de la libertad ecuatoriana: combatió por la separación de la Iglesia y la política, dio instrucciones sabias sobre la educación de los niños, predicó por la pureza del apostolado religioso y, en época de tanta agitación como fue la de la revolución liberal, supo mantener dignamente su puesto, condenando a quienes bajo el pretexto de defender la religión lanzaban las llamadas «pastorales negras» contra el régimen del general Eloy Alfaro.
J. E. Adoum

