[Histoire de Philippe Auguste]. Obra de Jean-Baptista Honoré Raymond Capefigue (1802-1872), publicada en cuatro volúmenes en 1829. Precedida de una «Carta sobre la historia de Francia» con un cuadro acerca de las condiciones sociales y administrativas del país desde la exaltación al trono de los condes de París, la obra trata de iluminar la primera y enérgica afirmación de la monarquía como poder centralizador en Francia. Asociado al trono a los 14 años por su padre Luis VII, que al poco tiempo quedó inútil debido a la parálisis, Felipe II (que reinó de 1180 a 1223) condujo la guerra contra los grandes vasallos rebeldes y en 1185 inició contra Inglaterra la lucha que había de terminar victoriosamente con la batalla de Bouvines (1216) y que tuvo una tregua en tiempos de la tercera Cruzada, en la que participó junto con Ricardo Corazón de León y Federico Barbarroja. En el interior, las reformas administrativas reforzaron la autoridad real y provocaron persecuciones contra los feudatarios y conflictos con la Iglesia, pero consiguieron imponerse con la intervención de ejércitos permanentes y mercenarios, mientras, por otra parte, la Cruzada contra los albigenses aseguraba el predominio sobre las provincias meridionales.
Felipe Augusto, al morir, dejó a Francia esquilmada por las guerras y las luchas intestinas, pero su reinado señala la liberación del principio de autoridad, la debilitación del Papado y un fortalecimiento de la realeza, y aparece como un preludio de la civilización moderna con el desarrollo y el poderío de las comunidades burguesas y las manifestaciones de la cultura científica. El autor pone a contribución las crónicas y la literatura de la época, novelas y «fabliaux» inclusive, para ilustrar con páginas pintorescas los aspectos del París medieval, que Felipe Augusto empedró para que no mereciese el nombre de Lutecia, las pompas feudales y la vida ciudadana, las ceremonias de Corte y la intimidad del rey. De la fecundísima producción histórica de Capefigue, es la única obra que conserva hoy día algún valor, y aunque no someta sus fuentes a la crítica, tuvo en su tiempo el mérito de dar un cuadro animado de la época y el debido relieve a la obra de Felipe Augusto como precursor de los modernos conceptos en la política y en las instituciones civiles.
P. Onnis

