Expedición de los Catalanes y Aragoneses contra Turcos y Griegos, Francisco de Monteada

Obra histórica publicada en Barcelona en 1623. y precedida posiblemente de otra edición, hoy desconocida, de 1620 (como se deduce de la fecha de la dedica­toria), sin contar con una redacción ma­nuscrita precedente que lleva por título Empresas y victorias alcanzadas por el va­lor de pocos catalanes y aragoneses contra los imperios de turcos y griegos.

Apasiona­do investigador de los acontecimientos en que habían tomado parte los Monteada, en los pasados siglos, el autor, como hombre de acción e historiador, hace revivir la célebre expedición (1302-1313) de algunos millares de soldados que, con Roger de Flor, Berenguer de Entenga, Berenguer de Rocafort y Ferrán Jiménez de Arenos, durante el reinado de Jaime II de Aragón, lucharon contra los turcos, al servicio del emperador de Constantinopla. Por sus va­lerosos hechos, los jefes catalanes y arago­neses, pronto recibieron dones y cargos imperiales, pero al incumplir algunos pac­tos los griegos, se creó una profunda opo­sición. Los genoveses de Pera, alegando los peligros de una expedición del Occidente, incitaron al emperador Andrónico a des­confiar de los catalanes y que les declarara la guerra; de igual modo se declaró contra éstos Miguel Paleólogo.

Debido a nuevas dificultades relativas al sueldo de las tro­pas, se hicieron cada vez más violentas las disensiones entre catalanes y griegos, has­ta que Roger, que había sido el más fa­vorecido por las recompensas y cargos, fue asesinado por los alanos mientras comía con el Paleólogo. Catalanes y aragoneses luchan denodadamente contra los griegos. Encerrado en Gallípoli, Berenguer de En­tenga y otros jefes envían embajadores a Constantinopla para intentar un arreglo con el emperador, pero los emisarios son he­chos prisioneros y bárbaramente ejecuta­dos. El propio Berenguer cae en poder de los genoveses, que poco después lo dejan en libertad. Entre nuevas luchas, los ara­goneses y catalanes no pierden el ánimo y esperan la llegada de refuerzos de Sicilia. Tras diversas alternativas, en las que des­taca el heroísmo de muchos combatientes, entra Rocafort al servicio de Thibaud de Sipoys, mientras otros guerreros van al Negroponto con las galeras venecianas. Fi­nalmente los catalanes rinden fidelidad al duque de Atenas, como mercenarios, y pa­san a Tesalia y Acaya. Pero el duque no les paga el sueldo, y vuelven a desatarse disensiones y luchas sangrientas; en defini­tiva, los catalanes resuelven regresar a su patria.

Asimismo, los turcos que habían es­tado con ellos dejan el servicio y luchan con los griegos. En virtud de ello, termina diciendo Monteada, a lo largo de ciento cincuenta años, los descendientes de los catalanes y de los aragoneses evidenciaron en aquel país el valor ibérico. La obra, elo­cuente en muchos pasajes, y con frecuen­cia entregada al hechizo de la narración, se basa en obras bizantinas y sobre todo en los capítulos CXCIV-CCXLIII de la Cró­nica (v.) de Ramón Muntaner. Esta recons­trucción de un momento de la Edad Media se puede considerar como uno de los más significativos documentos literarios de la historiografía española del Renacimiento, a pesar de que, en diversos momentos, la intención retórica, de origen humanístico, parece guiar la elaboración de las fuentes, más que indagar directamente los hechos concretos.

C. Cordié