Espejo de Magistrados

[The Myrrour for Magistrates]. Composición poética inglesa, obra de varios escritores: la primera edición es de 1559 y la última de 1610.

En 1557 William Baldwin, director de escena en el teatro de la Corte, agrupó a su alrededor siete poetas, al mejor de los cuales, Thomas Sackville, futuro Lord Buckhurst (1536-1608), le fueron atribui­dos por los editores la idea y el plan de la obra. Se trató de hacer, según el ejemplo de John Lydgate (1370-1451), traductor de De casibus illustrium virorum de Boccaccio (v. Caídas de los príncipes), con el título The Falls of Princes, la narración poética de los acontecimientos más dramáticos de la historia inglesa, sacándolos especialmen­te de las recientes crónicas de Fabyan y Hall y de la Guerra de las Dos Rosas. Las aventuras azarosas y trágicas de príncipes y soberanos habían de servir de ejemplo a los futuros reyes y hombres de estado, para hacerles meditar sobre la inestabili­dad de la fortuna y encaminarlos a la virtud.

La publicación de la obra no fue fácil, porque el censor, el canciller obispo Gardiner, la prohibió durante cierto tiem­po por motivos políticos, a causa de Sack­ville, y sólo la permitió en 1559, pero su­primiendo todas las poesías de este escri­tor. Desaparecidos los obstáculos de la cen­sura, en 1563 fue publicada una segunda edición mucho más amplia y enriquecida con los escritos de Sackville, que, con su habilidad y finura poéticas, dio a la obra un valor mucho más alto. Compuso la «Induction» o prólogo, donde narró su descen­so al Averno conducido por el Dolor, y trató de dar unidad a las diversas composi­ciones.

Escribió también el primer poema breve de esta edición, «The Complaint of the Duke of Buckingham» [«El lamento del Duque de Buckingham»], exponiendo con fina sensibilidad poética la ascensión y caída de Henry Stafford, Duque de Buc­kingham, famoso favorito, decapitado por rebelión por Ricardo III (1483-1485). En 1571 apareció la tercera edición de la obra, que en 1574 fue enriquecida con una serie de episodios, precedidos por una «Induction» en octava rima, narrados por John Higgins, autor de libros escolares.

Los te­mas eran los casos de diversos personajes legendarios o históricos, empezando por Albanact, hijo menor de Bruto y primer rey de Albania o Escocia, y llegando hasta Caracalla; el episodio mejor es, sin duda, el de Cordelia (v\), hija del rey Lear (v.). La importancia del Myrrour for Ma­gistrates, aparecido en una época de graves desórdenes políticos, es más bien moral que política, pero no se puede negar que tiene incluso un valor literario, como última expresión de la escuela de Chaucer y como fuente copiosa de argumentos para los es­critores dramáticos ingleses y, en primer lugar, para Shakespeare.

G. Lupi