El Mito de Monroe, Carlos Pereyra

Obra del his­toriador y sociólogo mexicano Carlos Pereyra (1871-1942). Corresponde al tercero de los períodos en que se divide la activi­dad historiográfica de su autor, atenta a la lucha de razas de que era teatro el Nuevo Continente, donde el poderío sajón trataba de intervenir en los países de civilización hispánica, y a revelar la verdad acerca de Estados Unidos en su actitud respecto a los pueblos hispanoamericanos, y muy espe­cialmente con relación a México. Como es bien sabido, el 2 de diciembre de 1823, el presidente de los Estados Unidos, Monroe, expuso en un mensaje al Congreso la cé­lebre doctrina que luego se condensó en la frase: «América para los americanos».

La gran república del Norte consideraba ce­rradas a nuevas colonizaciones de estados europeos ambas Américas, y se opondría a toda tentativa de intervención en los es­tados que las integraban. Como escribe Ma­nuel González Ramírez en el prólogo a Carlos Pereyra. Antología de sus obras (Mé­xico, 1944), pp. XXXV-XXXVL «para Pereyra los Estados. Unidos cuentan con tres armas formidables: la Constitución, que les permite presentarse como la nación políti­camente más perfecta del mundo; el mito de Monroe, que mantiene la fe en una pro­tección generosa a la que todos los países latinoamericanos deben la conservación de su independencia, y el panamericanismo, que explota la pretensión de una vida ame­ricana en un mundo virgen, contra un viejo mundo belicoso y destructor de la libertad». Después de ponderar la importancia de la Constitución, añade: «El mito de Monroe y el panamericanismo están dedicados a pueblos afines en sus organizaciones, pro­pósitos y finalidades.

Sólo que antes que las omisiones de la América española ha sido el prodigioso crecimiento de los Esta­dos Unidos lo que les ha permitido desarro­llar su política de hegemonía, en la que se presentan como adalides del panameri­canismo que separa a América de Europa, no únicamente en el aspecto político, sino también en el ideológico. Fincada entonces en la expansión interna de Norteamérica la causa primordial de la supremacía yanqui, a los pueblos del continente les ha quedado el recurso de la resistencia. Resisten­cias política, ideológica, diplomática, cul­tural, religiosa y hasta armada que, a pe­sar de sus debilidades y fracasos, ha hecho posible, después de casi 150 años, que los países de origen hispánico en el continente sigan conservando sus caracteres, sus fron­teras y su personalidad».

A. Millares Carlo