El Faraón, Boleslaw Prus

[Faraón]. Gran novela del escritor polaco Boleslaw Prus (Aleksander Glowacki, 1845/46-1912), compuesta en los últimos años del pasado siglo. El problema de la oposición entre la colectividad y el individuo, entre la vida real y la vida ideal, en el que se debate la sociedad hu­mana de todos los tiempos y países, está aquí encuadrado en el ambiente de la an­tigua historia egipcia. El autor nos trans­porta a los tiempos de Ramsés II. El hijo del Faraón es amado por el pueblo y el ejército, porque desea introducir en la vida del Estado beneficiosas reformas sociales, mientras es detestado por la pujante casta sacerdotal, celosa de sus propios privile­gios. De aquí una lucha a ultranza entre las dos partes, lucha que llega hasta la exasperación cuando, a la muerte del viejo Faraón, le sucede su hijo. Para substraer al poder de éste el tesoro del Estado, los sacerdotes lo esconden en el laberinto. Pue­blo y tropas se lanzan al asalto y los sacer­dotes llevarían la peor parte, si de pronto un eclipse de sol no hubiera confundido a los asaltantes. El astuto sacerdote Herhor se aprovecha de él para decir que se trata de un milagro, haciendo creer que es un signo de la cólera divina.

Por otra parte, el soberano Ramsés III no cede y opone una resistencia desesperada, pero, abando­nado por sus tropas, resulta arrollado y muerto, y Herhor sube al trono. Éste, sin embargo, llegado a jefe del Estado, no pue­de menos de poner en práctica las mismas medidas proyectadas por Ramsés III y con­tra las que él se había levantado. Los ele­mentos históricos de la novela son a me­nudo discutibles. El propio Ramsés III no se sabe de fijo si en verdad ha existido. Pero ello carece de importancia en el cua­dro general y en el significado de la obra, cuyo fin moral y social (la ineluctabilidad del progreso) está magníficamente puesto de relieve en una grandiosa construcción fantástica, en la que están magistralmente dibujadas las características positivas y ne­gativas de la sociedad humana, aquí retra­tada simbólicamente en el pueblo egipcio y en su antiquísima historia, probablemente para eludir fáciles sospechas de la censura rusa. El Faraón es una de las mejores mues­tras del talento literario de Prus, si no su obra maestra. Trad. italiana de Nictopolion Maffezzoli (Milán, 1934).

E. Damiani