El Cerrojo de Anghiari, Federigo Nomi

[Il catorcio d’Anghiari]. Poema heroicocómico de Federigo Nomi (1633-1705), escrito hacia el año 1684, pero que no se publicó hasta 1830, y modelado sobre el de Tassoni. Valiéndose de recuerdos históricos sacados también de poemas jocosos anteriores, el autor alude de manera muy transparente, con ropaje y ca­rácter míticos, a familias y lugares contem­poráneos suyos. El acontecimiento histórico, que puede haber dado origen al poema, es una guerra que estalló en 1425 entre Borgo San Sepolcro y Anghiari. Este castillo había sido saqueado dos veces a distancia de cinco años por los del Borgo conducidos por Guido Torelli. En la segunda correría los invasores, obligados a retirarse, se llevaron un cerrojo de la portezuela del Puente y, como señal de victoria, lo plantaron en la plaza mayor. El poeta no se atiene estrictamente a la historia sino que sigue la tradición, según la cual la expugnación ocurrió en 1460, y el cerrojo fue robado de las murallas, no de la porte­zuela del puente. Los anghiarenses, para resarcirse de la pérdida del cerrojo, irrumpen en la torre del Borgo, pero sólo consiguen arrebatar a unas lavanderas algunas ropas interiores femeninas.

Ghirone, jefe de Bor­go, manda a Pietro Nomi a buscar auxilios, y él no halla mejor expediente sino el de bajar al infierno, donde obtiene una «picca» (cuerno) llena de males. Con aquel cuerno, se va al campo de Giano, rey de Anghiari, lo abre y hace salir una niebla que esparce en torno la ira y la peste. Júpiter, al ver el tumulto que se origina en el campo de Gia­no, piensa mandar allí el Hada Bella para restablecer la paz. El hada, en efecto, hace que vuelvan a entrar en el cuerno todos los diabólicos males que habían salido de él, pero no consigue hacer otro tanto con la guerra, que continúa en tanto entre los dos ejércitos. Para conjurar el peligro el hada buena hace surgir un castillo de fuego en el cual aísla a Roberto de Valois y sus tropas francesas, venidas para tomar parte en la batalla. De este modo los combatientes lle­gan a un acuerdo, y como Ghirone no quie­re devolver el cerrojo es menester dejárselo; los aghiarenses podrán consolarse con al­gún juego de palabras, que nosotros ahora no comprendemos claramente. Para que la paz sea definitiva se celebran las bodas de la hija de Ghirone con el hijo de Giano. La obra es en su mayor parte juguetona y ale­gre, pero se hallan también en ella cantos inspirados en descubrimientos científicos, re­flexiones morales, explicaciones doctrinarias.

C. Cordié