[Il centiloquio]. Poema histórico de Antonio Pucci (13099-1388) publicado por Ildefonso di San Luigi en los tomos III-IV de las «Delizie degli eruditi toscani» (1772-1775). En esta larga y árida composición que debía reunir, según está indicado en el título, unos cien cantos, el autor se propuso, para deleite y comodidad de sus conciudadanos, «abreviar por rima» la Crónica (v.) de Giovanni Villani. Tan penoso trabajo le condujo al de recopilar los acontecimientos hasta el año 1336 en noventa cantos de cien tercetos cada uno, precedidos de un prólogo en prosa y cerrados con un canto, fechado en 1373, en el cual el poeta, ya agotado y viejo, antes de terminar su obra lega a la posteridad un cuadro de lo que fue la Florencia de su tiempo, a la vez que una relación de sus principales familias. La propiedad literaria la garantiza por un acróstico. Las iniciales del primer verso de cada canto componen, después de la seriación de las veintitrés letras del alfabeto, la siguiente declaración: «Antonio Pucci, florentin, fe’ tónica / De le sue rime a la presente crónica. / Deo gratias». La Crónica, si bien con algunas variaciones de orden cronológico, está seguida fielmente no sólo en los hechos históricos, sino también en el espíritu, y en ella se pone de manifiesto el amor del poeta por Florencia y su fe en los ideales güelfos, consiguiendo incluso inspirar algún raro aliento de vida a la fatigosa monotonía del poema. El resumen se va ampliando a medida que se tratan los acontecimientos contemporáneos, a los que Pucci añade algunas observaciones o particularidades de las que tal vez fuera testigo directo. El canto LV está dedicado por entero a Dante. Pucci diserta extensamente sobre su vida, sus obras y su carácter, ensalzándolo como una de las más grandes glorias de Florencia, dejando entrever en la narración las particularidades de las leyendas forjadas en torno a su persona, y que ya estaban difundidas entre el pueblo. En su honor, el buen florentino trata de elevar su estilo, y elabora la relación de una visión alegórica según la cual se le habían aparecido las siete Artes liberales, desesperadas por la muerte de Dante, y prontamente consoladas por la Teología, que les prometió la inmortalidad del gran poeta.
E. C. Valla

