[L’anden régime et la révolution]. Obra histórica de Alexis-Charles- Henri Clerel de Tocqueville (1805-1859), publicada en 1856. Es famosa por su importancia en la reconstrucción de los sucesos políticos y sociales de Francia en las varias fases de su revolución desde la disolución del feudalismo a principios de 1789 hasta las agitaciones democráticas del siglo XIX. Considerando la posición de los problemas en su esencialidad histórica, es decir por encima de la consideración nuevamente psicológica o biográfica de los hechos, según hacen los más, el autor juzga la vida social de la nación en sus elementos: si la Revolución ha tomado un aspecto de revolución religiosa en toda Europa, sobre todo al formular nuevas abstracciones sobre el hombre, no es menos cierto que su significado social es el único que tiene manera de subsistir y de acelerar la caída de los privilegios y de las leyes del antiguo régimen. La Revolución en muchos aspectos — en la centralización de la administración y de la justicia y en las garantías de los funcionarios — no ha hecho más que seguir las normas del pasado; pero el poder regio había acabado por quitar autoridad al mismo tiempo y corromper la vida de la nobleza, que separándose de las cargas de la política (a diferencia de la nobleza inglesa del XVIII) había demostrado indiferencia y vileza.
Así, con la nueva centralización revolucionaria, proseguida bajo los distintos regímenes hasta la época del autor, la libertad amenaza con caer en la anarquía o en la dictadura, por la ascensión de una democracia no atemperada por la tradición y por una sana participación en la cosa pública que presuponga una adhesión substancial al bien colectivo. Los escritores, como sucede especialmente con la ilustración, por puro espíritu de análisis critican los elementos de la política sin cribarla en la realidad de los hechos: de ahí la construcción de sistemas postulados a ciegas, aunque sean de buena fe: el radicalismo de la revolución en todos sus desarrollos (desde la monarquía de Julio hasta los movimientos de Febrero y el personalísimo de Luis Napoleón) presupone la falta de una verdadera educación política, por lo que de la exaltación doctrinaria de la libertad se pasa fácilmente a la servidumbre política. La obra es una de las más vivas y perspicaces de la historiografía francesa, por su limpio estilo y por la lógica soberana que conduce los pensamientos y los aclara con una sobria visión de las cosas.
C. Cordié

