Doctrinal de privado, Iñigo López de Mendoza, marqués de Santillana

Poema ale­górico en 53 octavillas que en 1454 don Iñigo López de Mendoza, marqués de Santi- llana (139S-145S), compuso contra su gran enemigo, el que fue privado de don Juan II de Castilla, el condestable don Alvaro de Luna. El título completo de la obra es: Doctrinal de provados, fecho a la muerte del Maestre.de Santiago don Álvaro de Luna; donde se introduce el auctor fablando en nombre del maestre. Esta obra, pues viene a sumarse al trama de don Álvaro de Luna y es quizá la más importante. Menéndez Pelayo la calificó como el poema más enérgico del siglo XV español, y para comprender el tono agrio y violento con que el marqués hace hablar al propio Álvaro, es necesario conocer un poco las luchas y disensiones que tuvieron entre sí ambos señores.

Ya cuando el marqués de Santillana estaba luchando en la frontera, los Manrique alentados por el favor que don Álvaro iba adquiriendo en la corte, ocuparon parte de la tierra del Marqués. Santillana se retiró a su casa de Guadalajara, esperando el momento oportuno de vengarse, aliándose con el rey de Navarra y con el infante don Enrique. Al ocurrir la primera caída de don Alvaro, fue San­tillana el encargado de velar por el cum­plimiento de la sentencia contra el condes­table. Después de la vuelta de don Alva­ro, y especialmente después de la bata­lla de Olmedo, ambos señores se comporta­ron aparentemente bien. Pero el momento esperado por don Iñigo llegó con el casa­miento de Juan II con Isabel de Portugal. Esta reina jumó a su lado a los enemigos de don Alvaro.

Éste, sintiendo próximo su final, reaccionó apresando algunos nobles, entre ellos el duque de Alba, primo del marqués de Santillana (hecho que dio lugar a su poema Diálogo de Blas contra Fortu­na, v.). Cuando por fin llegó el momento final para don Alvaro, el marqués envió a su primogénito don Diego con trescien­tas lanzas que junto a las doscientas de don Alvaro de Estúñiga se apoderaron de la persona del Condestable. Ni la muerte del enemigo le pareció suficiente expiación a Santillana y hubo de componer esta obra alegórica de intención moral, en la que pone una larga confesión de pecados en boca del propio don Alvaro, con un acento de violencia que es recuerdo del odio que se llevaron en vida:

«Vi thesoros ayuntados / por grand dapño de su dueño; / asy como sombra e sueño / son nuestros días conta­dos. / E si fueron prorrogados / por sus lágrimas a algunos, / destos non vemos ningunos, / por nuestros negros peccados». Don Alvaro confiesa’ su soberbia y su afán de poder y de dominio: «Con trabajos, con enojos / usurpé tal señoría», «cosa agena non dexé; / tanto quise, quanto vi».

La confesión está acompañada de reflexiones morales: «¡Agora, pues, vet aquí / quanto valen mis riquezas, / tierras, villas, forta­lezas, / tras quien mi tiempo perdí!». Re­flexiones morales que constituyen una lec­ción aprovechable para todos, pues dice el condestable por la experiencia que él tiene: «Guardatvos de mal vivir, / pues canes a noche mala / non ladran, nin es quien vala, / si Dios lo quiere punir». Dentro de la concepción medieval de la Fortuna (tema tratado por Santillana en Diálogo de Bías contra Fortuna), don Al­varo de Luna llega a ser un ejemplo vivo de las variaciones de esta diosa y de su rueda. A pesar de que en la parte de la confesión don Alvaro reconoce que lleva en su alma el peso de muchos pecados mortales, que no ha observado ningún man­damiento, ni ha dado limosna, ni guardado el ayuno, etc., por el gran valor de su contrición («Cay con los que peccaron; / pues levántame, Señor, / con los que con grand dolor / absueltos se levantaron. / Mi­sericordia fallaron / aquellos que a ti vinieron, / e sus culpas te dixieron / e, gimiendo, las lloraron») hace que el mar­qués le salve.

El Doctrinal de privados se nos convierte así en una gran obra de filo­sofía moral. En 1909 Francisco R. de Uhagón publicó en la «Revista de Archivos, Biblio­tecas y Museos» un cancionero del siglo XV en el que se contiene una obra cuyo título es: Otras coplas del dicho Marqués sobre’l mesmo caso, o sea un nuevo «Doctrinal». Pero por las características del estilo es casi seguro que no se trata de una obra del marqués de Santillana.

A. Comas