[Pro L. Murena]. último de los Discursos (v.) consulares de Marco Tulio Cicerón (106-43 a. de C.), pronunciado en el año 63. Lucio Murena, cónsul electo, había sido acusado por Servio Sulpicio y Catón de haber logrado la elección por medios ilícitos; contra tan autorizados acusadores, Cicerón venció usando el arma del ridículo, presentándolos como demasiado celosos y pedantes intérpretes de la ley. Y es notable que quien, diez años más tarde, ha de llegar a ser el mayor filósofo y compilador de obras filosóficas de Roma, en esta obra haga profesión de ser un profano en dialéctica y de burlarse de los hombres de pensamiento y moral.
F. Della Corte

