De Zeila a las Fronteras de Caffa, Antonio Cecchi

[Da Zeila alie frontiere del Caffa]. Obra de Antonio Cecchi (1849-1896), publicada en 1886. Llamado por la Sociedad Geográ­fica Italiana para asumir el mando de una expedición que debía atravesar Etiopía, de Este a Oeste, alcanzando los grandes lagos ecuatoriales, Cecchi, llegado a Zeila, or­ganizó su importante caravana, pero ape­nas iniciada la marcha, se vio obligado a detenerse largo tiempo debido a las gue­rrillas entre los indígenas, guerrillas que asolaban aquellas regiones, en tanto que la población desconfiada y ladrona per­judicaba gravemente el material de la ex­pedición. Con grandes fatigas, Cecchi lo­gró proseguir hacia el río Auasc, lo atra­vesó a nado, y logró hacerlo pasar sin in­cidentes a toda la caravana. En la región de Choa las cosas cambiaron, y una es­colta triunfal acompañó a los expedicio­narios hasta el rey Menelik, junto al que se hallaba ya el marqués Orazio Antinori, mandado algunos años antes por la Sociedad Geográfica. Después de la jubilosa acogida del rey de Choa y del obispo Massaia, Cec­chi reanudó su marcha acompañado de Giuseppe Chiarini, miembro de la precedente expedición Antinori, pero al abandonar el territorio del rey Menelik, en los países de Galla y de Sidama comenzaron de nuevo las persecuciones.

Creyéndoles espías del rey Menelik y del Negus Johannes, los re­yes independientes y las reinas de los paí­ses atravesados, hacían todo lo posible por no dejarles avanzar; debilitados por la continua lucha y agotados por las fiebres palúdicas, lograron, sin embargo, llegar al país de la reina de Gher, la cual, después de falsas demostraciones de amistad, les hizo prisioneros. Allí Chiarini, reducido a fabricar espejos para la reina a fin de no morir de hambre, sufrió un fuerte ataque de fiebres que le llevó a la tumba. Cecchi logró huir alcanzando las fronteras de Caifa, desde donde, en la imposibilidad de proeguir, emprendió el regreso por los países de Galla y Sidama. Bien pronto, muy ma­ravillado, se dió cuenta de que por obra del rey Menelik y de las amenazas del Negus Johannes, y de otra expedición italiana guiada por Gustavo Bianchi, los ne­gros y los propios reyes que antes le ha­bían puesto obstáculos, ahora les favorecían por todos los medios, y así pudo hacer fe­lizmente el viaje de vuelta hasta el Nilo Azul. Encontró aquí la expedición Bianchi y prosiguió con ella hasta la residencia de Johannes, de donde partió escoltado hacia el Choa.

Dejó en Let Marefiá a Antinori, que durante aquel tiempo había conver­tido el poblado en una floreciente colonia agrícola; continuó hasta la costa y de allí a Italia. Grande fue la importancia polí­tica y geográfica de este viaje que hizo más estrechas y amistosas las relaciones de Italia con el Imperio abisinio; si tuvo poca resonancia, se debe al hecho de que en aquellos años la atención del mundo ente­ro estaba pendiente de las expediciones de Stanley y de Livingstone, en la parte occi­dental del mismo continente negro.

F. Dusi