Crónica de Jaime I.

Narra la vida y hechos de Jaime I de Cataluña y Aragón (1208-1276), precedidos de los antecedentes obligados para la mejor comprensión del tema principal de la crónica. Suele designársela con el título Libre deis feyts del rey En Jacme [Libro de los hechos del rey Jai­me]. Está escrita en catalán y en forma au­tobiográfica y es una de las llamadas por Morel-Fatio «cuatro perlas» de la litera­tura catalana medieval.

Tanto por la exac­titud y minuciosidad de sus informacio­nes, como por su poder de evocación de los ambientes en que se desarrollaron los hechos relatados y de las reacciones perso­nales del regio narrador, constituye una fuente de primer orden para el estudio del reinado de su autor y especialmente para la historia de las conquistas de Mallorca y Valencia y la de los acontecimientos de los últimos años de la vida del monarca. Ha sido muy discutida la autenticidad de esta crónica en el sentido de si cabe atribuirla directamente a la mano del mismo rey, tal como atribuimos a César la paternidad de sus Comentarios. Actualmente es opinión general de los eruditos que nos hallamos verdaderamente ante una obra ejecutada bajo inspiración inmediata de Jaime I, aun­que la redacción material fuese obra de auxiliares suyos, uno de los cuales para la primera parte de la crónica se ha sugerido pudiera haber sido Bernat Vidal, personaje a quien el rey confió varias misiones de confianza. Como consecuencia del estudio interno de la obra, se la supone redactada en dos momentos distintos que serían el año 1244 en Játiva, por lo que se refiere a los 327 capítulos primeros, y el 1274 en Bar­celona por lo que atañe a los restantes has­ta el 546 inclusive.

Bastante más tarde, ya en pleno siglo XIV, se habría efectuado una revisión general del texto a la vista de la versión latina ejecutada por el dominico mallorquín Pere Marsili en 1313, se le ha­bría puesto un prólogo y se le habrían aña­dido los veinte capítulos finales. Por todo ello los manuscritos hoy conservados de la crónica que nos ocupa, aun los más anti­guos que son de finales de la primera mi­tad del siglo XIV, no representan exacta­mente su primitiva redacción, aunque deben conservar de ella extensísimos pasajes poco o nada alterados. Modernamente Manuel de Montoliu ha descubierto en el texto de la crónica, y especialmente en los capítulos referentes a la conquista de Mallorca, abun­dantes restos de versificación, lo que, al ser comparado con descubrimientos seme­jantes hechos por Ferrán Soldevila en la crónica de Bernat Desclot, ha permitido afirmar que una de las fuentes más impor­tantes de ambas crónicas fueron poemas narrativos de carácter popular redactados en su mayor parte poco después de los acon­tecimientos que relataban, y formular la hipótesis de que la prosificación e imita­ción de tales poemas fue lo que motivó principalmente el paso de la sequedad de los primitivos cronicones y genealogías a la maravilla de las cuatro grandes crónicas medievales catalanas, en las que aparece por primera vez y precozmente una magní­fica prosa, a la vez ingenua y expresiva, que implica la preexistencia de una larga y fe­cunda tradición en el arte de narrar.

Ade­más de la versión latina de Pere Marsili, que pone en tercera persona la forma auto­biográfica del original catalán, existe una traducción aragonesa del gran maestre de Rodas, Juan Fernández de Heredia, con­tenida en su Crónica de Conquiridores, una traducción castellana de Flotats y Antonio de Bofarull y una inglesa de John Forster. En fin, la biografía latina de Jaime I por Gómez Miedes y la castellana de Tornamira de Soto no son en realidad más que pará­frasis de la obra del rey cronista.

M. Coll y Alentorn