Novela del gran autor griego Niko Kazantzakis (muerto en 1957), que constituye una de las cimas de la novelística contemporánea.
La acción se desarrolla en Licovrisí, aldea griega del Asia Menor perteneciente al territorio turco de Anatolia. La época es posterior a 1922, año en que los turcos entraron en Esmirna y dieron fin al dominio griego en Anatolia, ayudados por los vencedores de la Gran Guerra. Los turcos, por tanto, tienen en la obra un papel paralelo a los romanos en Palestina en el tiempo de Jesucristo. Licovrisí es una aldea cuyos habitantes profesan la religión griega ortodoxa y tienen la costumbre de representar cada siete años la Pasión de Cristo, representación que empieza el Domingo de Ramos y termina el Sábado de Gloria a medianoche. Convocados por el pope Grigoris, se reúnen los notables del lugar, el arconte Patriarqueas, el prestamista Ladas, el capitán Fortunas, viejo marinero, y el maestro del pueblo, para determinar quiénes habrán de representar la Pasión. Tras arduas deliberaciones acuerdan el siguiente reparto: el apóstol Juan lo interpretará el joven Mi- chelis, de ojos soñadores, hijo del arconte y prometido de Mariori, hija del pope; el papel de Santiago, Kostandis, el huraño y testarudo cafetero del pueblo; el de Pedro, el buhonero Yannakos, de gran corazón pero pronto a la cólera; el de Judas, Panayotaros, picado de viruelas, de pelo rojo (a Panayotaros le cuesta al principio aceptar este papel, pero al fin le convencen, diciéndole que Judas es tan necesario en la Pasión como el de cualquier otro apóstol, y más aún, pues sin él no tendría lugar la tragedia); el papel de Magdalena lo interpretará la viuda Katerina, de cabellera rubia, amorosa y sensual; el de Caifás, el usurero Ladas; el de Poncio Pilatos, el arconte Patriarqueas.
Finalmente el papel de Cristo es destinado al pastor Manolios, de ojos azules y barba corta y rubia, para quien el arconte reserva la hermosa y sensual Lenio, una de sus hijas naturales. A partir de este momento estos personajes deben preparar su espíritu para la representación, deben ir convirtiéndose espiritualmente en los personajes del drama del Calvario. Para el pastor Manolios no existe ya otra preocupación sino la de asumir dignamente el gran papel de representar a la figura humana de Cristo. Aunque se trate de una ficción, el papel que le ha sido asignado se le va ofreciendo como una posibilidad o camino de perfección, por el cual él podrá llegar a lo que soñaba en los tiempos en que fue novicio. Manolios y los tres que han de representar a los tres apóstoles, se imbuyen de espíritu evangélico mediante la lectura de los textos, y el pastor, para mantenerse puro, está incluso dispuesto a aplazar su casamiento con Lenio. Pero de pronto, todo lo que era ficción pasa a ser realidad. Estos personajes se ven obligados a actuar como los personajes de la Pasión. Un día llegan a Licovrisí unos griegos huí- dos de la destrucción, del saqueo de los turcos, conducidos por el pope Fotis, que ha logrado salvar el Evangelio, los iconos y el estandarte de San Jorge, y les piden ayuda y hospitalidad. Los habitantes de Licovrisí, capitaneados por el pope Grigoris, se niegan a acogerlos. Es entonces cuando Manolios y sus compañeros, los que debían interpretar a los apóstoles, con un deseo de caridad inmensa propio de su papel, abogan por los desamparados. Pero su esfuerzo es vano ante el egoísmo y la falta de compasión de los principales de Licovrisí.
Manolios llega a renunciar a la hermosa Lenio, y se ofrece como víctima propiciatoria de la muerte del esclavo más fiel del agá para salvar al pueblo de la ira de éste. Michelis, a la muerte de su padre, hace donación de todos sus bienes, pero esta donación es anublada por Grigoris. Al fin Manolios es asesinado en la misma iglesia por el que debía representar el papel de Judas y a instigación de Grigoris. La obra tiene una parte de tragedia, la tragedia de la injusticia, del egoísmo y de la maldad humanas, pero tiene también una parte de sátira: los que se llaman seguidores de Cristo, lo volverían a crucificar, si Éste viniere de nuevo y les pusiera en trance de seguir su doctrina hasta las últimas consecuencias. La novela, muestra la perennidad de la maldad humana, pero también la perennidad de la actitud redentora. Esto aparece claramente en las admoniciones del pope Fotis contra los falsos hermanos cristianos. Éste es el simbolismo y el íntimo sentido de la obra: la acusación de falsedad al mundo que se llama cristiano, a este mundo en el que Cristo puede ser «de nuevo crucificado». Por esto la novela es un mensaje de amor y caridad. «Cristo de nuevo crucificado — dice un autorizado crítico — es, al propio tiempo, una sátira despiadada del egoísmo y de la maldad humana y una alegoría simbólica de la Pasión en la que se propugna un retorno a la pureza evangélica del cristianismo primitivo». [Trad. española (Buenos Aires, 1954)].

