Correspondencia entre Renán y Berhelot

[Correspondance entre MM. Renán et Berthelot]. Es una de las más importan­tes correspondencias epistolares del si­glo XIX, pues atestigua la intensa vida es­piritual de dos hombres de cultura, que, unidos por una larga amistad intelectual, sienten una sustancial identidad de ideales éticos. Fue publicada en 1898 por la viuda de Joseph-Ernest Renán (1823-1892) y por Pierre – Eugéne – Marcelin Berthelot (1827 – 1907).

El gran químico, juntando unas pá­ginas a la colección de 1847 a 1892, daba muestras de comprender muy bien toda su importancia filosófica y científica: precisa­mente porque, más allá de las vicisitudes familiares o de las numerosas observaciones de viaje, vibraba en ellas un único afán de verdad de la búsqueda y del exacto conoci­miento de la propia posición en la cultura de Francia. Hijos de la Revolución Francesa, en lo relativo a la aspiración a la libertad del pensamiento, ambos comprenden la vida de la Francia que lucha para superar las equivocaciones del pasado y que vuelve a caer en ellas con nuevas dudas y nuevas desilusiones. Especialmente Renán hace sen­tir su deseo de libertad de discusión, lu­chando en nombre del racionalismo contra la posición de los católicos intransigentes y de los partidarios del Segundo Imperio; y el mismo Berthelot, que se apoyaba en sus afortunados descubrimientos en el cam­po de la síntesis química para luchar con­tra las abstracciones y las intransigencias dogmáticas, siente que lentamente se iban desperdiciando los mejores gérmenes del liberalismo entre las equivocaciones de la democracia y la falta de unidad moral del pueblo.

La fe en la humanidad y en el mito de una redención a través del dolor y de la lucha social, guía de todos modos las confesiones de los dos nobles espíritus y les incita a que sufran en silencio por el bien de su país y por el ejemplo que el hombre de ciencia da siempre, indirecta­mente, a sus conciudadanos. Junto al valor espiritual de los testimonios de dos espí­ritus radicales y laicos que desde la mo­narquía de julio pudieron asistir juntos a numerosos acontecimientos, casi hasta el amanecer de un siglo rico en posibilida­des, la Correspondencia es también notable por la documentación biográfica de los via­jes de los dos sabios y sus variadas reflexio­nes sobre los lugares y los pueblos. Especial­mente interesantes son los viajes de Renán a Italia (1850 y 1878), a Siria (1861), a Egip­to (1864), a Grecia (1865), y los de Berthelot a Italia (1857 y 1872) y a Holanda (1902). Los de Renán son importantes porque al contacto con la península italiana aclara sus problemas sobre las relaciones de los esta­dos con el papado y sobre la naturaleza de los pueblos y de las clases sociales; son fun­damentales también los viajes a Siria y, especialmente, al Líbano, que sirvieron para la preparación de la Vida de Jesús (v.), de cuyas vivas polémicas, que en principio provocaron la pérdida de la cátedra que el autor tenía en el Colegio de Francia, encontramos eco en las cartas de Berthelot.

Por lo que se refiere a éste, aunque parezca menos susceptible a la fascinación de los hombres y de las cosas, aparece más sereno en sus reflexiones políticas y también más consecuente en sus consideraciones sobre la creciente confusión social, sobre la lucha de los partidos, sobre el duro choque entre opinión y realidad bajo el Segundo Impe­rio, y entre clericalismo legitimista y li­bertad de pensamiento en el período que va de la «Commune» a la tentativa del conde de Chambord (1875). Bastarían estas pági­nas relativas a esta situación moral y polí­tica de la Tercera República, para dar a la colección el interés de un testimonio histó­rico de primera categoría: Renán y Berthe­lot muestran ser continuadores de una exi­gencia de crítica propia de su tiempo.

C. Cordié