Catilina

La figura de Catilina, la histo­ria de sus ambiciosas conjuras contra el Estado romano en la persona de Cicerón y su muerte en combate han dado origen a una tradición dramática notable, aunque carente de obras maestras, que se inspira, como fuentes históricas, en las obras de Ci­cerón, Salustio y Apiano.

*   La primera tragedia moderna sobre este argumento es ha Conspiración de Catilina [Catiline, His Conspiracy], en cinco actos y en verso de Ben Jonson (1572-1637), repre­sentada y publicada en 1611. Sus fuentes son Salustio y Cicerón; en el plano dramático, Jonson se inspira también en Séneca. Cati­lina conspira con la ayuda de los veteranos de Sila para derribar el gobierno de Roma, regido por los cónsules Cicerón y Antonio. César y Craso apoyan secretamente las ma­quinaciones de Catilina, que prepara la su­blevación. Fulvia, amante de Curio, uno de los conjurados, arranca a éste el secreto y advierte a Cicerón que el primer acto de la revolución deberá ser su asesinato. Cicerón convoca al Senado y acusa a Catilina, que abandona Roma y se une a las huestes que sus secuaces han reunido en Fiésole. Obte­nida la prueba del delito de los conspirado­res por medio de los embajadores de los alóbroges, Cicerón la somete al Senado, que decreta la muerte «de los culpables. Catilina cae en el encuentro de sus tropas con las del gobierno mandadas por Petreyo. En el centro de la tragedia hállase el contraste entre Catilina — personaje sin contornos, si bien sus discursos ofrecen destellos de es­plendor estilístico — y Cicerón. Los caracte­res de las mujeres, Fulvia y Sempronia, son la parte más lograda del drama. El diarista Pepys, en 1668, proclamó Catilina el drama menos divertido que jamás había visto.

M. Praz

*  En 1748, se representó en París la tra­gedia Catilina, de Prosper Jolyot de Crébillon (1674-1762). Con esta obra largamente elaborada, el autor, que hacía una veintena de años que vivía alejado del teatro, volvía a él con éxito, movido por los ruegos y la protección de Luis XIV y de Madame de Maintenon. Al revés de Ben Jonson, Crébillon no cuida tanto de la verdad histórica como de la necesidad académica de elevar al protagonista a la categoría de gran héroe, hasta el extremo de que frente a la revalo­ración de Catilina, la figura de Cicerón apa­rece injustamente rebajada. La tragedia Roma salvada [Rome sauvée], de Voltaire, es una adaptación del Catilina de Crébillon, ejecutada con mayor respeto histórico, pero con menor sentido dramático.

*   Una tragedia neoclásica sobre el mismo argumento escribióla el español José María Díaz (hacia 1800-1888), Catilina, en la que se nota la imitación de Alfieri.

*   En 1848, Alexandre Dumas, padre (1803- 1870), escribe también, en colaboración con Auguste Maquet (1813-1888), un drama, Ca­tilina, cuyo interés se debe principalmente a las frecuentes alusiones a la política de la época.

*   Pertenece también al mismo año 1848 el primer drama de Henrik Ibsen (1828-1906), Catilina, publicado en 1850 con el seudónimo Brynjulf Bjarne. Bajo la impresión de los movimientos franceses y europeos de 1848, Ibsen toma la figura de Catilina como sím­bolo revolucionario y la ensalza frente a la de Cicerón, iniciando así, bajo pretextos históricos, su violenta obra propagandística de necesarias y radicales reformas sociales. El drama está en verso libre; el teatro de Cristianía se negó a representarlo.

*   También goza de renombre la Conjura­ción de Catilina [Congiura di Catilina], me­lodrama de Giovanni Battista Casti (1724- 1803), y las óperas de Antonio Salieri (1750- 1825) y S. Amedeo De Ferrari (1824-1885).