Atila

La figura del gran huno, llamado «flagellum Dei», por el aura de grande­za y de fuerza que envuelve su leyenda ha excitado en todos los tiempos la imagina­ción del pueblo, de los artistas y de los historiadores; y según la tendencia nacio­nal, fue representado como una imagen de sabiduría y de bondad, o de ferocidad y destrucción. Con el nombre de Etzel, és el héroe principal de la primera epopeya ger­mánica y una antigua leyenda, recogida más tarde en el Libro de los Héroes [Heldenbuch] de Kaspar von der Roen (si­glo XV) con el título «La corte de Atila» [«Etzels Hofhaltung»], que nos lo muestra pacífico y culto señor de doce reinos, rodea­do de sus vasallos, reverenciado por el mundo entero. También Atila tiene una parte preponderante en el breve poema épi­co latino Walthario de Eckart de Saint – Gall, en los Nibelungos (v.) y en el Edda (v.).

*    Entre las primeras y más conocidas pro­ducciones en lengua romance dedicadas al rey bárbaro, figura la Guerra de Atila, poe­ma franco-italiano en dieciséis cantos (con más de 37.000 alejandrinos mezclados con endecasílabos en largas tiradas monorrimas) de Niccoló da Casóla (siglo XIV), ini­ciado en 1358 y dedicado al barón Bonifacío Ariosti, tío del Marqués Aldrovandino de Este. Propiamente llamado Atila flage­llum Dei, es uno de los más notables poe­mas caballerescos del siglo XIV y tiene gran importancia incluso para la tradición literaria italiana. Conocido más que nada por la recopilación en prosa, de la primera parte, por Giovanni Maria Barbieri (1519- 1574), con el título La guerra de Atila y publicado en Ferrara en 1568, se editó par­cialmente en 1907, en Friburgo, por Giulio Bertoni (1878-1943), y en su totalidad en 1941, en Módena, por Guido Stendardo, ex­traído del único manuscrito de la biblio­teca Estense. El autor, después de haber invocado a Jesucristo, afirma que canta his­toria y no fábulas: Osdrúbal, rey de Hun­gría, quiere exterminar a Italia, sede del Cristianismo, y antes de lanzarse a la nue­va empresa busca un valeroso marido para su hija, la princesa Clara. El conde Moroaldo, en una justa dispuesta para el caso, re­sulta vencedor; pero es vencido por un desconocido caballero, llegado al terminar la contienda. Este es Justiniano, hijo del emperador de Constantinopla: no se da a conocer, ni se preocupa de la princesa y toma los premios de la justa, un cuerno de oro y un halcón. Le ruegan que se dé a conocer y promete casarse con la princesa si consigue el consentimiento paterno. Mientras tanto la princesa está encerrada en una alta torre; pero por obra de Satanás queda encinta por un lebrel y es casada con Moroello para remediar la vergüenza. Así nace un hijo perruno, que es llamado Atila, azote de Dios. Robusto y violento caudillo de los paganos, tras la muerte de Osdrúbal y de Moroello, medita atroces ven­ganzas contra los cristianos y se lanza con­tra Italia. Es en 421. Menapo, rey de Aquileya, pide ayuda a Lirio, rey de Padua, para defenderse contra la invasión de los bárbaros. Diversas aventuras ocupan las gestas de la guerra. Atila se lanza también contra numerosas ciudades y las arrasa, pero los paganos son víctimas de frecuen­tes desastres y jamás consiguen vencer de­finitivamente a los cristianos, aunque dis­pongan de fuerzas avasalladoras, de gigan­tes y de otros seres demoníacos. Numerosas damas paganas se enamoran de los príncipes cristianos (entre los cuales destacan los de la casa de Este) y se convierten a la fe de Cristo. Irritado por estos sucesos, Atila ataca vigorosamente a Altino; pero en dura lucha con Lirio es herido de muerte. El poe­ma, conducido pesadamente, sin viveza al­guna, fuera de algunos episodios particula­res (el nacimiento monstruoso del héroe y la cita de las damas con los cristianos), ofrece, sin embargo, interés histórico por los datos que arroja sobre las ciudades del Véneto, y sobre todo lingüístico, por la mezcla de elementos venecianos y france­ses. Patrocinaron la publicación íntegra de la obra, ahora finalmente conseguida, Giosué Carducci, Pió Rajna y otros insignes eruditos.

C. Cordié

*    El escritor español Cristóbal de Virués (1550-1609), publicó en 1609 una tragedia en verso bajo el título de Atila furioso. Su asunto es totalmente fantástico. Flaminia, cautiva de Atila, ve en la infidelidad de la reina un motivo para ocupar su puesto, y valiéndose de un ardid hace que el rey la sorprenda y la mate. Pero Atila, en lugar de casarse con ella, dirige sus afanes amo­rosos hacia Celia, reina de Dalmacia, a quien ha hecho prisionera. Enfurecida por ello, Flaminia da al rey un brebaje que le hace enloquecer durante el banquete de sus bodas con Celia; en pleno desvarío, Atila mata a ésta y más tarde a la propia Flami­nia. La obra es un buen ejemplo del tipo de tragedia española inmediatamente ante­rior a Lope de Vega, en la que concurren influjos clásicos —de Séneca, sobre todo — y elementos novelescos, y donde lo cómico es sistemáticamente eliminado. Muy carac­terístico del momento es también el clima de horror creado por la acumulación de es­cenas de crueldad y sanguinaria barbarie. En este aspecto, el autor llega a excesos pueriles. Así, en la escena más curiosa de la tragedia: aquella en la que Atila, tras beber la pócima preparada por la ambicio­sa Flaminia, verdadero Yago femenino, pierde la razón y pronuncia un largo e in­coherente discurso, lleno de salvaje violen­cia, que ocupa casi toda la jornada terce­ra; desconcertante parlamento que habría que tener en cuenta en una historia del tema de la locura o de la presencia de lo irracional en la literatura española.

J. García López

*    Mayor interés ofrece Atila [Attila], tra­gedia en cinco actos de Pierre Corneille (1606-1684), representada en París en 1667. Atila ha pedido en matrimonio a Honoria, hermana del emperador Valentiniano, y a Ildione, la hermana de Meroveo, rey de los francos. Ambas princesas están en su corte: él trata de casarse con una y guardar a la otra como rehén para unirse con dos pode­rosas naciones. Más inclinado a la fascina­ción de Ildione, quisiera casarla con otro, para no estar dominado por ella. Para ello excita uno contra otro a dos reyes prisio­neros suyos, Ardarico y Valamiro, dicien­do que se casará con Honoria y dará Ildione al rey que mate al otro. Ildione que ama a Ardarico, está decidida a casarse con Atila para matarlo. Él la lleva por fin al templo, cuando una hemorragia violenta le mata. La solución, tan carente de dignidad trágica, perjudicó a la obra, que tuvo escaso éxito. La crítica moderna encuentra, en el prota­gonista, una ruda fuerza salvaje y astuta, una pintura coloreada, vehemente, de un primitivismo bárbaro bastante interesante.

V. Lugli

*    En la antigua «saga» alemana está ins­pirada la tragedia Atila, rey de los hunos [Attila, Konig der Hunnen] del alemán Zacharias Werner (1768-1823), representada en 1808. Atila ama a Hildegunda, princesa de Borgoña, que acepta las bodas sólo para vengar la muerte de su padre y de su amante muertos por el feroz huno. Éste a su vez es amado por Honoria, hermana del emperador Valentiniano, quien aspira a la corona del imperio. Contra los hunos acu­den las legiones de Valentiniano, pero Ati­la derrota a los romanos y se abre camino hacia Roma. A las puertas de la ciudad cris­tiana aparece el papa León rodeado de la curia con toda su pompa, y el huno, presa de sagrado temor, retrocede. Es el momento .aprovechado por Hildegunda, que mata a Atila precisamente cuando León le va a entregar a Honoria. La tragedia es una de las más equilibradas entre las de asunto histórico del autor. El morboso misticismo erótico de Werner y sus alusiones ideoló­gicas están atemperados por un soplo trá­gico en el que encuentra espontánea expre­sión una época de barbarie y de oscuras pasiones.

*    Particularmente rica en obras sobre este argumento es la tradición literaria de Hungría, que considera a Atila su héroe nacional. La obra maestra de esta tradición es la Muerte de Buda (v.) de János Arany, primera parte de una trilogía, incompleta, que debía abonar todas las epopeyas hún­garas.

*    La primera obra musical inspirada por la vida del rey bárbaro es Atila de Johann Wolfgang Franck (1641-?), representada en Hamburgo en 1682. Sucesivamente se recuer­dan con el mismo título las óperas de Giuseppe Farinelli (1769-1836), compuesta en el año 1797 y de Giuseppe Persiani (1804- 1869), terminada en Parma en 1827.

*       Apareció luego el Attila de Giuseppe Verdi (1813-1901), en un prólogo y tres ac­tos, representado en Venecia en 1846. El li­breto, de Temístocle Solera, procede, por indicación de Verdi, del Atila de Werner. Es arbitraria la versión teatral de la muer­te de Atila: el general de Valentiniano, Ecio, pacta con Atila para dejarle el resto del mundo y conservar para sí Italia; y una cierta Odabella, con la complicidad de su prometido Foresto, cederá a los deseos de Atila y luego, como Judith, ha de matarle mientras duerme. Así sucede, pese al arre­pentimiento y a los buenos propósitos que el rey bárbaro, en cierto momento y a las puertas de Roma, declara tener. La música es bastante vigorosa y duramente tallada. Probablemente se basaron en esta partitura los críticos del tiempo cuando juzgaron a Verdi «un músico con el casco en la ca­beza», según expresión de Rossini o según otras expresiones menos halagadoras de los críticos franceses «un músico mayor de re­gimiento de cazadores». Algunos fragmen­tos («Allor che i forti corrono», de la so­prano; «Ella in poter del barbaro», del te­nor; «Dagli inmortali vertici», del barítono; los dúos «Si, quello io son, rawisami», de soprano y tenor, y «Tardo per gli anni e trémulo», de barítono y bajo), son todavía recordados y ejecutados, aunque raramen­te. Se citan para hacer notar la particulari­dad del libreto, que prefirió el heptasílabo esdrújulo: ritmo heroico, para el buen So­lera.

E. Magni Dufflocq

*    En 1845 se representó también en Ve- necia un Attila de Francesco Malipiero (1824-1877), que más tarde tomó el título de Ildegonda di Borgogna.

*    En las artes figurativas es famoso el gran fresco de Rafael y discípulos en las salas Vaticanas Encuentros de León Magno con Atila [«Incontro di Leone Magno con Attila»].