Caleb Williams, William Godwin

Novela de William Godwin (1756-1836), publicado en 1794. El título completo es: Las cosas tal como son o Las aventuras de Caleb Williams [Things as they’ are; or The Adventures of Caleb Williams]. Escrita en el período que vio florecer e incluso flamear la novela «negra» o «gótica» repleta de aventuras horripilan­tes, la historia del joven Williams se dis­tingue del género por la relativa sobriedad de la intriga y por la innegable vitalidad artística de muchas partes. Caleb es un jovencito de humilde origen a quien Fernando Falkland recoge en su casa y educa para hacer de él su secretario. Cobra afecto con ímpetu juvenil a su protector y es corres­pondido. Falkland es una excelente per­sona pero tiene un cuidado excesivo de su reputación que, lentamente, se trans­forma en verdadera manía. Próximo al castillo de Falkland vive Bernabé Tyrrel, rico señor, insolente y poderoso, celosí­simo del ascendiente que Falkland ejerce sobre quienes se le aproximan. Un aldeano, llamado Hawkins, vejado por fútiles mo­tivos por su señor, pide protección a Falk­land y ello basta para que Tyrrel le haga arrojar del pueblo con toda su familia. Peor suerte le toca aún a Emilia Melville, pa­riente pobre de Tyrrel, cuando éste se da cuenta de que ama a Falkland: la obliga a un matrimonio con un patán y, al no con­seguir convencerla, la persigue con fero­cidad hasta que la pobrecilla muere en la cárcel donde la ha hecho encerrar por supuestas deudas. Falkland, al saber lo ocu­rrido, excita la opinión pública contra el malvado y consigue que sea expulsado del círculo local. Tyrrel, furioso, abofetea pú­blicamente a Falkland pero pocas horas más tarde aparece asesinado. Los Hawkins padre e hijo son acusados del delito y mue­ren en la horca. Desde entonces Falkland rehúye toda compañía y Caleb se persuade de que él ha sido el asesino de Tyrrel; pero se niega a creer en la evidencia de sus conjeturas hasta que Falkland confirma directamente sus sospechas haciéndole jurar que por ningún motivo revelará nun­ca su secreto. Después de aquella confesión Caleb se da cuenta de que Falkland le odia, espía todos sus gestos y no le permite alejarse de la casa. El joven consigue huir pero es apresado y condenado por robo bajo denuncia de Falkland. Evadido de la cárcel, cae en manos de unos ban­doleros cuyo jefe, un rebelde no mala per­sona, le toma aprecio despertando así los celos de cierto Gines que se pone al servi­cio de Falkland para vengarse de Caleb.

Y éste se ve obligado a cambiar continua­mente de nombre y residencia, perseguido siempre por Falkland que, seguro de su silencio y, a pesar de todo, furioso contra quien conoce su secreto, quiere su perdi­ción. Hasta que un día, reducido ya a la completa indigencia, Caleb vuelve a la ciu­dad natal y denuncia a Falkland. Puesto frente al viejo, se conmueve y, aun man­teniendo la acusación, elogia las grandes virtudes de aquel hombre a quien todavía ama y respeta. Tal conducta llena de ver­güenza y de admiración a Falkland, que finalmente confiesa su delito y muere poco más tarde. La vida continúa para Caleb, ofuscada por el recuerdo de los sufrimien­tos pasados y por el remordimiento de no haber sabido mantenerse fiel al juramento dado. El libro consiguió gran éxito gracias sobre todo al óptimo estudio de los carac­teres: el progresivo desarrollo de la mono­manía de Falkland está conducido con ex­traordinaria verdad. William Hazlitt llegó a escribir: «Quizás el arte con que estos caracteres están descritos, de modo que uno hace resaltar al otro, no ha sido supe­rado nunca en ninguna novela si se ex­ceptúa la sátira inmortal de Cervantes». Godwin, cuyas ideas racionalistas y revolu­cionarias influyeron tan profundamente en la literatura inglesa, escribió esta novela para divulgar su filosofía y, en efecto, se vendieron más volúmenes de ésta que de sus Ensayos y de la Investigación acerca de la justicia política (v.). Caleb, Emilia, Hawkins y otros de menor importancia re­presentan a los pobres perseguidos por los ricos, imposibilitados de defenderse y hallar justicia, mientras que los frecuentes arres­tos de los distintos personajes dan ocasión para acerbas críticas contra el sistema car­celario de la época.

L. Krasnik

¿…sabíais que Godwin escribió su Caleb Williams a disgusto? Primeramente, enredó a su héroe en una red de dificultades, for­mando el segundo volumen, y luego para el primero trató de hallar la manera de justificar lo que había hecho. (Dickens)