Obra del escritor catalán publicada en Barcelona en 1897. Consta de un prólogo dirigido a la juventud catalanista, recomendando serenidad, y esboza las relaciones entre Cataluña y el gobierno central; y de cuatro cartas abiertas a su amigo y correligionario José Pella y Forgas. Expone en las mismas sus experiencias en el funcionamiento de una cooperativa de consumo de carnes en Sarriá (Barcelona), que pronto trascendió a la administración municipal del pueblo. El ensayo consistió en lo siguiente: «concelleres, Consejo de Ciento, plebiscito por medio del voto fogueral, milicia urbana o somatén armado a las órdenes del Alcalde».
Se trata, en suma, de propugnar la unidad con objetivos claros y concretos, y de responsabilizar a los hombres, con objeto de hacerles prudentes. Dice que son mucho más necesarias las buenas costumbres que las buenas leyes, y que es más urgente cambiar de conducta que de legislación. Como programa de actuación del catalanismo que propugna, se muestra plenamente identificado con las normas del obispo de Vich, Josep Torras y Bages: «Para el regionalismo es tiempo de sembrar y no de cosechar; lo que ahora conviene es formar las costumbres, conservar las instituciones que aún existen, despertar al pueblo que aún está durmiendo y no tiene conciencia de sí mismo, dejándose llevar de los traficantes de la política imperante».
J. Regla

