Ruskin y la Religión de la Belleza, Robert de La Sizeranne

[Ruskin et la religión de la Beauté]. Obra crítica francesa de Robert de La Sizeranne (1866-1933), publicada en 1897. Es una exaltación históricamente notable del movimiento esteticista, creado con nuevas actitudes del inglés John Ruskin, quien exaltó el culto de la belleza antigua y afirmó en la escuela prerrafaelista uno de los mo­tivos más puros de la cultura moderna.

Amar la belleza y sentirla como la meta esencial de la propia vida es una fe que puede fundar una nueva religión en el mun­do, merced al respeto de la criatura hu­mana y de su huella en el tiempo, y por la adoración muda y pensante de cuanto concierne a un ideal que trasciende la vul­garidad comercial de la vida cotidiana. El investigador afirma que Ruskin, aparte de su amor hacia Italia, ha legado a sus con­temporáneos un verdadero tesoro de afectos y de ideas: así, en la admiración por los monumentos de Florencia y en la vivifica­ción de manufacturas regionales de antigua fundación, existe una manera de considerar la vida que es completamente diferente de la pretérita. Por encima de la fría erudi­ción y de la polémica inútil es preciso ad­mirar la belleza, bajo todas sus formas, y ajustar a ella la propia vida. El propio Ruskin, como afirma el crítico ilustrándolo con un preciso estudio biográfico, une la cua­lidad de contemplador a la del hombre de acción, por delicadeza en los propósitos y resolución en sus decisiones.

Pero su divisa «alia giornata» («To day», «al día») indu­dablemente inspirada en la inscripción de un palacio en Pisa, no debe llevarnos a olvidar que el fin principal de una existen­cia consiste en comprender los valores del mundo, evitando lo que es pasajero y da­ñoso; solamente la belleza merece por parte de todos los hombres la devoción más des­interesada. De La Sizeranne, después de haber narrado la vida de su autor («La fi­sonomía» [ «La physionomie» ]) expone sus principios didácticos y humanos («Sus pa­labras» [«Ses paroles»]) y finalmente traza toda una teoría destinada a dar al mundo una nueva posibilidad de comprensión en­tre los pueblos en la elevación moral hacia los supremos ideales («Su pensamiento es­tético y social» [«Sa pensée esthétique et sociale»]). La obra, que une al culto de lo bello un contenido humanista y casi mesiánico, refleja perfectamente un momento espiritual de fines del siglo XIX, cuando, reaccionando contra la frialdad del intelectualismo o contra ciertas negaciones mez­quinas del positivismo, hace sentir la exi­gencia de gozar la proximidad de una visión artística y de revivir el sueño humano en un latido que no debe perderse.

C. Cordié