Problemas de Ética Griega, John Addington Symonds

 [Problema of Greek Ethics]. Opúsculo del litera­to y crítico inglés John Addington Symonds (1840-1893), compuesto aproximadamente en 1880. La moralidad griega, por ser estética en vez de teocrática, no era por esto menos real y humana. Es necesario, para com­prenderla en su genuina pureza, remontarse hasta Homero, que se une a Fidias, Aristó­teles y Sófocles en una cadena ininterrum­pida de tradiciones.

Las notas místicas más profundas del ascetismo pitagórico, de los ritos purificadores de Empédocles y Epiménides, la fe fetichista en un dios celoso., la doctrina de Herodoto, Solón, etc., sobre la hereditariedad de la culpa, son fragmentos de primitivas supersticiones asiáticas que no se mezclaron con el sereno elemento del espíritu griego, mientras el culto de Dionisos y de la Afrodita de Corinto son intrusiones exteriores. El espíritu griego se esforzó en eliminar estas ideas tan crudas, morales y religiosas. La Némesis y la envi­dia divina sufren sucesivas purificaciones en Esquilo y Sófocles, siendo rechazadas al fin por Platón, que expulsa a la envidia del Cielo. El pueril temor de Herodoto al poder divino de la época lo subliman los escritores dramáticos en el concepto de un dios santo y celoso, y por fin la razón griega lo eliminó por completo mediante la filosofía.

Después de la lucha contra Jerjes, la tranquila contemplación del uni­verso se interrumpe en un período de febril alegría; pero pronto se restablece el equi­librio. Sófocles corrige en su drama las toscas extravagancias de Esquilo; Eurípides traslada el interés moral de la fe religiosa al análisis sofista; Aristófanes se opone tanto a las sutilezas metafísicas como a las fantasías supersticiosas, mientras Sócra­tes ataca la filosofía de los aficionados y la puerilidad mitológica. Con la ética de Pla­tón se alcanza la cumbre de la sana especu­lación griega. Pericles, liberado por Anaxágoras de sus absurdos temores, realiza la vida genuina griega de actividad alegre y confiada. En Aristóteles encontramos concen­trado todo lo que el espíritu griego había producido, con el perfecto triunfo del espí­ritu científico, en una evolución ininterrrumpida del problema moral, paralela a la del arte. En la mocedad del genio griego la humanidad era inocente y sencilla; el im­pulso sensual, al igual que el intelectual y moral, ignoraban la culpa; la salud y el buen gusto gobernaban los apetitos físicos, y la moderación frenaba las pasiones y guiaba las virtudes morales y racionales.

Pero con el Cristianismo el espíritu tomó posición frente a la carne, y fue buscando a Dios puro espíritu, como un ideal lejano, futuro, celestial, que sólo se podía alcanzar con el sacrificio de esta vida terrena. De este modo ocurrió la transición al mundo moderno. Los Problemas de ética llegaron a ser representativos del espíritu esteticista y decadente, de cuya atmósfera, más o me­nos, se resienten todas las obras de Symonds, en su intento de transformar las activida­des y los problemas del espíritu en goce estético, agotando su serenidad y su ten­dencia a lo trágico bajo el velo del misticismo y de .las vagas aspiraciones meta­físicas.

G. Pioli