Política, Economía y Sabiduría, Hermann Keyserling

[Politik, Wirtschaft, Weischeit]. Tratado de economía política del filósofo alemán, conde Hermann Keyserling (1880-1946), publicado en Darmstadt en 1922. Refiriéndose a lo que había dicho en Conocimiento creador (v.). Keyserling sostiene que la posición actual más propia del sabio es la de economista.

Si el Estado ha terminado su función, de­jando su puesto a la economía y a las gran­des industrias, es necesario que el saber, o sea el alcanzar la profundidad en el sus­trato de la realidad, tome a su cargo la dirección económica del mundo. El futuro espera a los grandes capitanes de la indus­tria que habrán de dominar la política, a las complicadas organizaciones que crearán a su vez una nueva organización mundial apoyada exclusivamente en bases econó­micas. Keyserling atribuye a los capitanes de la industria la falta de profundidad, de conocimiento metafísico del mundo y por esto señala al sabio como el único hombre capaz de gobernar este mundo económico porque participa directamente de sus valo­res esenciales.

El pueblo destinado a gober­nar, en el próximo futuro, es el alemán. Por su habilidad técnica, por la organización, por su ineptitud para el virtuosismo polí­tico, alemania significará el equilibrio del mundo económico del mañana y creará una sociedad destinada a la expansión autónoma de la vida. El socialismo, exento de super­estructuras políticas, es la idea base de esta futura organización que se encontrará en los alemanes, los cuales poseen, si no el genio, por los menos la cualidad del alma de Goethe, su expresión universal. La obra de Keyserling fue duramente criticada, es­pecialmente en Francia, por el papel otor­gado a alemania en la organización futura. La crítica negó incluso valor a la primera parte, consecuente con el pensamiento del filósofo y escrita con sincero entusiasmo, aunque viciado por prejuicios que aparecen ya en obras anteriores (v. Renacimiento) y que aquí reaparecen sin demasiada justi­ficación, planteando el problema sobre el terreno de unas teorías historicistas ya pa­sadas de moda.

F. Feroldi