[Prière sur l’Acropole]. Una de las obras más célebres de Joseph-Ernest Renan (1823- 1892), incluida en los Recuerdos de infancia y de juventud (v.); son unas breves páginas directamente inspiradas por una visita al Partenón, de vuelta del viaje a Fenicia y Palestina de 1860-61.
Ante la Acrópolis, Renan siente que tiene por vez primera plena revelación del genio griego, de aquel ideal de belleza tan divinamente racional que ha guiado toda la vida de un pueblo. Su cultura típicamente medieval, su alma de nórdico místico y soñador, le dan la sensación de haber sido un «bárbaro» que ha alcanzado, tarde y fatigosamente, sólo en virtud de la gracia concedida por Palas Atenea, la visión de la belleza antigua. Se encuentra así en condiciones de comprender con una sola mirada las dos máximas cimas del alma y del pensamiento humanos: el milagro de la Grecia antigua, por el que nuestra razón en su armonioso desarrollo alcanza naturalmente el sentido de lo divino a través de la Belleza; y el milagro del cristianismo, por el que el sentido de lo sobrenatural llena místicamente, fuera de la lúcida razón, toda nuestra vida de hombres.
El estilo de Renán se eleva aquí a tonos solemnes de oración, perdiendo sin embargo, en las páginas brillantes y luminosas, algo de la delicadeza íntima que es característica de otras obras, aparentemente más descuidadas, pero en realidad, más puras y próximas a la absoluta perfección.
M. Bonfantini
No sé si existe en francés una página en prosa más hermosa. Los períodos fluyen como una procesión de Panateneidas y vibran como grandes liras. (Flaubert)

