[Allgemeine Pädagogik, aus dem Zweck der Erziehung abgeleitet]. Obra del filósofo alemán Johann Friedrich Herbart (1776-1841), publicada en 1806.
El concepto herbartiano de la pedagogía se contrapone ya al de la educación convencional, ya al de la educación natural, pues tiene el objeto de formar las nuevas generaciones. La educación debe por lo tanto saber infundir en las almas de los discípulos un gran sistema de ideas que tenga la fuerza de superar las particulares condiciones ambientales. El concepto fundamental de esta pedagogía universalista es el de una pluralidad de la educación que suscite una pluralidad del interés del alumno. Para Herbart, la individualidad debe ser respetada cuanto sea posible, pero el carácter o sea la voluntad consciente sólo puede formarse en la lucha contra los apetitos individuales, y cuanto más se haya fundido la individualidad con la pluralidad del interés, tanto más el carácter afirmará su dominio sobre ella.
Por esto la misma educación moral viene a asumir en la pedagogía herbartiana un aspecto intelectualista: sobre la base de su psicología, Herbart funda el aprender del alumno en la concentración y en la reflexión; la primera dirige el alma sobre el objeto, la segunda pone entre los objetos coligaduras cada vez más amplias y universales. El educador debe conceder paridad de derecho a la concentración y a la reflexión, sin acentuar demasiado esta última y sin apresurarse en dar el sistema total de la realidad. Debe, además, partir de la individualidad y de la experiencia particular del discípulo: la enseñanza, en efecto, tiene su cometido principal en llenar las enormes lagunas que la experiencia, maestra mucho más viva, pero también mucho más unilateral, deja en nosotros; la escuela debe impedir, con su enseñanza plurilateral, el empobrecimiento creado necesariamente por las condiciones ambientales.
Los fines del interés plurilateral se dividen además en dos grupos: el del conocimiento y el de la comunión con los seres; el primero considera ante todo las cosas en su multiplicidad, en su conformidad con leyes universales, y en sus relaciones estéticas; el segundo considera ante todo la comunidad de simpatía con la humanidad en general, y después ‘con la sociedad como sistema legal de la convivencia y, en fin, con el Ser Supremo. Así como de la experiencia es necesario poco a poco hacer surgir el sentido de una íntima ley de las cosas, y de la fantasía es menester hacer que nazca el sentido de lo bello, del instintivo sentido de la simpatía para con nuestros semejantes es necesario hacer surgir el sentido de una íntima conexión moral con la humanidad, de una especie de «patriotismo humanitario». En cuanto a los métodos de enseñanza, Herbart pone de relieve la peculiaridad del descriptivo, del analítico y del sintético, asignando a este último un valor fundamental.
No hay que olvidar nunca, sin embargo, el hacer vivir en el espíritu del discípulo el sentido de la síntesis si se quiere evitar el inútil aprender de memoria. En la formación del carácter moral, el maestro se dirigirá no a la intención, sino al hecho, y aspirará a obtener aquel orden indispensable para el desarrollo de la enseñanza, valiéndose sobre todo de la autoridad y del amor. Por esto la amonestación del que enseña no ha de ser breve y tajante, sino continua y de lenta penetración, y que obre más sobre las ideas que sobre los sentimientos.
G. Cantoni

