Ordenación de los Estudios de la Compañía de Jesús, Claudio Acquaviva

[Ratio ai que Institutio studiorum Societatis Jesu]. Es la carta escolar pedagógica de la Compañía de Jesús.

Fue publicada en Nápoles en 1598 con este título; pero fue precedida por otras dos relaciones, una de 1585 y otra de 1591, esto es, de la redacción originaria propuesta por el general Claudio Acquaviva (1543-1598) y de la aumentada con las adiciones y mo­dificaciones de las diversas provincias de la orden.

Este código ha permanecido inmu­table en su espíritu fundamental a pesar de las modificaciones aportadas a las ordena­ciones escolares en los diversos países si­guiendo el progreso de los tiempos. La Ra­tio es, a la vez, un código pedagógico y un plan de estudios.

En treinta capítulos con­tiene las normas prácticas, es decir, las «Reglas» para los superiores, para los profe­sores y para los alumnos. Comienza con las reglas del «Provincial», del cual dependen los colegios de una provincia de la orden.

Siguen las reglas del «Rector» de cada co­legio; después las del «Prefecto de los estu­dios» que preside los cursos superiores. Vie­nen después las reglas de los Profesores: primero, las comunes a todos los profesores de las facultades superiores; luego las pro­pias de cada disciplina.

De aquí se pasa a los estudios inferiores; y se dan las reglas, primero para el prefecto de los estudios in­feriores y después para los profesores, de modo análogo al de los cursos superiores; en primer lugar las reglas comunes a todos, y después las reglas para los profesores de las disciplinas particulares.

Después hay re­glas para los «Exámenes finales», las «Opo­siciones» y los «Premios». Los últimos diez capítulos contienen reglas para los «Esco­lásticos» de la Compañía, después para los’ que repiten privadamente la teología du­rante un bienio; a continuación para el ayu­dante del maestro y para los alumnos exter­nos de la Compañía; y finalmente, las reglas de la Academia en sus diversas formas, o sea de las reuniones de estudiosos que se proponen ejercicios especiales referentes a los estudios.

En la redacción de estas reglas se ha configurado también la ordenación de los estudios. Consta de tres cursos: el «hu­manístico», el «filosófico» y el «teológico». El curso humanístico, llamado también de «estudios inferiores», comprende cinco cla­ses: «Gramática elemental», «Gramática me­dia», «Gramática superior», «Humanidades» y «Retórica».

La principal característica del ‘ curso humanístico está constituida por la enseñanza del latín y del griego que se ex­tiende a todas las clases; desde la primera hasta la quinta, llamada retórica, porque tiende a formar la perfecta elocuencia, prin­cipalmente en la oratoria.

El curso filosófico se desarrolla en tres años, de la siguiente forma: primer año: lógica e introducción a la física; segundo año: física y matemá­tica de Euclides; tercer año: psicología, metafísica y filosofía moral.

Finalmente, el curso teológico se desarrolla en cuatro años. Para cada uno de estos cursos hay minu­ciosas prescripciones referentes al desen­volvimiento del programa, año por año, el procedimiento de las lecciones, el modo de darlas los alumnos, los deberes escritos, las discusiones mensuales, los exámenes, las promociones y los premios.

La ordenación escolar de la Ratio está conforme con el espíritu de la época en lo que se refiere al curso humanístico, y para los estudios superiores es fruto, ya de la inspiración personal del fundador de la Compañía, Ig­nacio de Loyola, y de sus experiencias en la Universidad de París, ya de las experiencias y estudios de otros autorizados miembros de la Orden.

En cuanto al espíritu peda­gógico de la Ratio es innegable la influencia de las corrientes de pensamiento educativo y didáctico que informaron el siglo XVI e irradiaron desde los principales centros de* cultura europeos, especialmente de la Uni­versidad de París.

Pero también se advierte una línea constructiva que de las clases de los estudios inferiores llega hasta los supe­riores, sin disiparse nunca en los pormeno­res, con una continuidad de diseño y una clara visión de conjunto, que atestiguan una madura conciencia pedagógica depurada en profunda reflexión. Su ideal pedagógico, por otra parte, se muestra algo forzado dentro de contornos demasiado rígidos de un sis­tema solidificado en reglas perentorias.

Pero hay que tener presente que la Ratio mira sólo a la Compañía de Jesús y por lo tanto, no se refiere a la educación del género hu­mano. El haber resistido al flujo del tiem­po, contemporizando con las exigencias so­ciales de los diversos países, muestra que la Ratio se basa en ciertas intenciones funda­mentales del proceso educativo, que el pro­greso pedagógico no ha cancelado, sino acla­rado y desarrollado en su perenne dialéc­tica.

M. Maresca