[Die Wertlosigkeit der Jurisprudenz ais Wissenschaft]. Conocidísima obrita de Julius Hermann von Kirchmann (1802-1884), aparecida en Berlín en 1847-48.
Se niega en ella contenido y valor científico a la ciencia jurídica. El principal argumento está extraído de una investigación en torno al objeto de esta presunta ciencia: el derecho, que en su esencial mutabilidad, no puede detenerse nunca para ser objeto de estudio. Su extraordinaria evolución jamás permite verlo desde fuera, y de ahí la predilección por el conocimiento de las instituciones jurídicas del pasado: el lazo del derecho con el tiempo para el que existe, quita al jurista la imparcialidad, por lo que mezcla a su trabajo pasión y sentimiento, que son, por definición, anticientíficos; pero, sobre todo, es cierto que la ley positiva sobre la que el jurista actúa no responde a ningún principio estable ni superior, vale por lo que vale y es contingente y, en cuanto la ciencia hace su objeto de lo contingente, se vuelve ella misma contingente: «Una palabra del legislador, y bibliotecas enteras se convierten en papel mojado».
El autor agrava el no reconocimiento del valor científico de la jurisprudencia contraponiendo la ciencia del derecho a la ciencia de la naturaleza, dirigida a descubrir principios constantes, y niega además a la primera la capacidad de captar la riqueza de las formaciones espontáneas de la vida de relación. Para imponerse como ciencia, la jurisprudencia ha de caer en sofismas y argucias, y entonces, haciendo artificiosas las disposiciones normativas, se hace dañosa para el conocimiento del derecho cuando no hace nacer incluso un sentimiento de hostilidad bastante nefasto para su desarrollo.
El duro escrito de Kirchmann está inspirado por las deficiencias de la jurisprudencia en su época, y puede considerarse superado respecto al nivel actual de los estudios jurídicos; sin embargo, ha dado motivo para disquisiciones en torno a la validez y consistencia de la ciencia jurídica que continúan siendo vigentes.
A. Amorth

