[Eine neue Art von Strahlen]. Obra de Wilhelm Conrad Röntgen (1845-1923), publicada en «Sitzungsberichte der Würzburger Physikalische Medische Gesellschaft» en diciembre de 1895-marzo de 1896.
La publicación de esta obra suscitó una gran conmoción, y no solamente en el mundo científico. Róntgen anunciaba el descubrimiento de los rayos que llamó X y que luego tomaron su nombre. El autor inicia su memoria describiendo la experiencia que le llevó al descubrimiento: acercando un papel recubierto de platinocianuro de bario a un tubo de rayos catódicos rodeado de una pantalla de papel negro, el papel fluorescente presentaba en una habitación obscura una vivísima fluorescencia que seguía manifestándose cuando el papel se alejaba dos metros del tubo.
Röntgen describe luego las numerosas experiencias efectuadas con sus rayos; la fluorescencia excitada por los mismos rayos a través de una pantalla negra revela la transparencia de dicha pantalla para tales radiaciones y el autor observa que muchas sustancias, además del papel, son transparentes a los rayos X: trozos de madera, el cristal, el gas, el agua y otros líquidos. También respecto a la transparencia de los metales se describen minuciosos estudios sistemáticos, con los que demuestra que cada metal simple ofrece transparencias diversas según su espesor y advierte que el plomo es el cuerpo más opaco, pues basta un espesor mínimo (1,05 mm.) para absorber la radiación. Las sales metálicas sólidas o en solución se comportan como los mismos metales.
Pero también otro hecho fue advertido por Röntgen: colocando la mano entre el tubo y la pantalla fluorescente, los huesos proyectan sobre ésta una sombra densa, mientras que los tejidos que los rodean sólo aparecen muy tenuemente. Era la base de una futura e importantísima rama de la Medicina: el «röntgendiagnóstico». Röntgen sospechó que los rayos X fuesen de naturaleza electromagnética, pero no consiguió demostrarlo; por ello habló de rayos X, es decir, de rayos de naturaleza desconocida. Para demostrar que los rayos X son de la misma naturaleza que la luz, habían de emplearse los retículos cristalinos (experiencia de Laue, efectuada por Friedrich y Knipping).
O. Bertoli

