[Nouvelle Mécanique]. Obra en dos volúmenes de Pierre Varignon (1654-1722), publicada póstumamente por Fontenelle (París, 1725).
El célebre fisicomatemático de Caen se había ocupado desde muy joven de cuestiones relativas a la mecánica, y en 1682, en París, había dado a la prensa su Pro jet d’une nouvelle mécanique avec un eoxposé de l’opinion de M. Borelli sur les propriétés des poids, etc., obra notable porque el autor hace frecuente uso del moderno principio de composición de las fuerzas, aunque diese de él una demostración inexacta.
Enseña en primer lugar a componer las fuerzas mediante el conocido «polígono» (reproducido hoy en todos los tratados elementales de mecánica) y enuncia el teorema de los «momentos» o teorema de Varignon: el momento de la resultante de dos fuerzas respecto a un punto cualquiera de su plano, es igual a la suma de los momentos análogos de las fuerzas componentes.
En la obra póstuma volvemos a encontrar lo que ya era sabido después de la lectura del Pro jet. La edición también es notable porque en ella figura (vol. II) una carta enviada a Varignon por Giovanni Bernouilli (1717), en la que se enuncia por primera vez el célebre «principio de las acciones virtuales» (llamado impropiamente de las «velocidades virtuales») que reproducimos aquí con palabras de Bernouilli: «Cuando varias fuerzas que actúan sobre un cuerpo se equilibran, de cualquier modo que las fuerzas actuantes sean aplicadas y cualquiera que sea su dirección, y tanto si actúan mediata o inmediatamente unas sobre otras [imprimiendo al mismo cuerpo un pequeño movimiento en sentido de rotación o traslación], la suma de los factores positivos [«énergies affirmatives»] efectuados por algunas fuerzas, será igual en valor absolut9 a la suma de los factores negativos [«énergies négatives»] efectuados por las demás fuerzas».
Varignon, en su Mecánica, pone de relieve la importancia de este principio y lo ilustra con ejemplos numerosos e interesantes aplicaciones. Es sabido que el mismo principio—-bajo forma de igualdad de la fuerza motora y de la fuerza resistente en algunas máquinas simples — ya había sido intuido por Giordano Nemorario (lo cual le había sugerido su hermosa demostración del equilibrio de la palanca) y por un discípulo suyo que había resuelto así el problema del plano inclinado.
Bajo dicha forma había sido reconocido, además de por Leonardo da Vinci, por Stevin de Bruges en sus Memorias matemáticas (v.), por Galileo, por Roberval y particularmente por Descartes, que había intuido ya su valor de principio fundamental. Aun en la generalidad de su enunciado, Bernouilli no tuvo, empero, en cuenta las limitaciones que surgen de la presencia de «vínculos» a los que está sujeto el sistema móvil, como, por ejemplo, los roces y las resistencias pasivas. Considerado bajo dicho aspecto más general, su principio fue, por ello, objeto de sucesivas e importantes elaboraciones por parte de los hombres de ciencia de los siglos siguientes.
U. Forti

