Novum Organum, Francis Bacon

[Nuevo órgano. o elementos de interpretación de la natura­leza]. Obra filosófica de Francis Bacon (1561-1626), escrita entre 1608 y 1620, y pu­blicada en 1620.

Representa la primera par­te de la Instauratio Magna (v. La gran ins­tauración) y tiene la finalidad de estudiar la naturaleza e interpretarla, o sea, explicar sus fenómenos. Quiere ser una nueva ló­gica, en contraposición a la de Aristóteles, conocida con el nombre de Organon (v.), por un concepto instrumental de la lógica misma, que es ciencia del pensamiento en cuanto piensa la verdad. El Novum Organum consta de dos libros y un prefacio.

En éste, Bacon critica tanto a los dogmá­ticos como a los escépticos, y dice que es posible llegar a conocimientos ciertos, con tal de seguir un nuevo método. El libro I tiene una parte destructiva («destruens») o crítica, destinada a destruir todo lo que impediría alcanzar la verdad, y otra de preparación para el nuevo método. Todo ello está precedido por la enunciación de principios fundamentales, como éste: el hombre, en cuanto sabe y puede, descubre el orden de la naturaleza mediante la ob­servación y la inducción, y para hacerlo es necesario un método.

La parte descrip­tiva estudia los motivos de los errores, que Bacon distribuye en cuatro clases de ideas falsas que impiden ver la verdad: los «idola», propios de la especie humana  («idola tribus»), o de la caverna en que, según la imagen de Platón en la República (v.), vive el hombre («idola specus»), o de las costumbres sociales y del lenguaje («ido- la fori»), o de las escuelas y de la autori­dad de los antiguos («idola theatri»).

Se trata, en substancia, de criticar, además de los sistemas de filosofía y sus métodos to­mados en conjunto, ya que parten de prin­cipios erróneos, el mismo espíritu humano. La crítica de las filosofías se dirige, o con­tra sus bases, o contra sus objetos, quimé­ricos o abstractos, mientras tendrían que estudiar las fuerzas reales que producen efectos naturales, o contra su criterio de verdad. En la crítica de los métodos, Ba­con hace observar que o se presta una fe ciega a los sentidos, o se elevan fácil­mente a los principios generales y a las ideas abstractas, o se abusa de la forma silogística deductiva.

Esto aparte de que a menudo interesa más obtener algún co­nocimiento de inmediata utilidad, que la verdad por sí misma, y que la mayor par­te de lo hecho en el transcurso de los si­glos es debido más a la casualidad que a la ciencia. Entre los motivos de los pocos progresos hechos por la investigación cien­tífica, Bacon señala la ignorancia del ver­dadero fin de la ciencia, el ciego respeto hacia los antiguos y la tendencia de los filósofos a expresar su doctrina en forma de sistemas cerrados, en vez de pensamien­tos separados y particulares.

Pero la ciencia es posible, y como el error fundamental está en el método, debe ser posible aumen­tar nuestro saber recurriendo a un método mejor. En principio, hay que reunir razón y experiencia, y recurrir a la observación predeterminada, no accidental, a la expe­riencia «litterata», es decir, metódica y consciente, y a una inducción que proceda por vía de análisis de la naturaleza y que no concluya sin tener en cuenta los casos negativos. En la parte preparatoria, con­testa las eventuales objeciones que le pue­den dirigir y precisa que su finalidad es la de conducir al descubrimiento de las causas de los fenómenos y de las leyes de la naturaleza, y de éstas a nuevos he­chos y nuevas aplicaciones, como quiera que la más noble ambición del hombre es la de recobrar su derecho sobre la natura­leza.

El hombre, considerando una sociedad civilizada, es efectivamente un dios para sí mismo; esto no significa que pueda im­poner a la naturaleza, de una manera ab­soluta, la propia voluntad, sino que puede explotar para sus fines sus inmutables le­yes, ya que a la naturaleza se le puede mandar solamente obedeciéndola. En el se­gundo libro, Bacon expone el nuevo mé­todo, condicionado por la finalidad que él asigna a la ciencia, la de conocer la na­turaleza, es decir, las «formas» o leyes o esencias de propiedades específicas, cuya presencia determina la transformación de una cosa en otra, de modo que se siga el lento proceso de transformación de las cosas («processus latens») y su íntima cons­titución («schematismus latens»).

El nuevo método es el de la inducción, y ésta con­siste en reunir todos los hechos, en que se presenta un fenómeno, en una tabla de presencia, y todos los hechos en los que falta dicho fenómeno en una tabla de au­sencia, de manera que la esencia del pro­cedimiento está en la eliminación, la cual está sometida a un criterio analítico. Bacon aconseja también la formación de una ta­bla de los grados, en la que aparezcan las variaciones de intensidad de un fenómeno respecto a otros.

¿Es posible, después de esto, llegar a una afirmación categórica? No, ya que nuevos hechos pueden traer nuevas conclusiones. Se trata de un pri­mer resultado, de una «vindemiatio pri­ma», que trata de prestar ayuda a la ra­zón, perfeccionando la inducción con la consideración de órdenes de hechos, dis­puestos en varias categorías, pero que todos en realidad se deberían colocar, si son po­sitivos, en las tablas de presencia, si son negativos, en las tablas de ausencia.

La inducción baconiana, más perfecta que la aristotélica, puesto que en ella hay el pro­ceso de eliminación de los hechos nega­tivos que faltaba en Aristóteles, tiene sus mismos límites en lo tocante a la categoricidad de la afirmación, siendo posible solamente, gracias a ella, hacer unas afir­maciones de hecho, pero no necesarias, sin las cuales no hay ciencia. La diferencia sustancial viene de la distinta metafísica, de Bacon y Aristóteles, puesto que la for­ma es ideal en el filósofo griego, mientras que es un elemento sencillo, una realidad física o mecánica en Bacon.

Por este mo­tivo, la verdad de la afirmación llega a con­firmarse en la fecundidad de la aplicación, por lo que el verdadero mérito de la in­ducción baconiana consiste en su integra­ción en el experimentalismo moderno. La importancia del Novum Organum estriba por completo en esto, en el empuje hacia nuevos procedimientos en armonía con el cambio de percepción de la realidad. El mé­todo que Bacon describe, en efecto, es tra­tado por él con vistas a la naturaleza, de cualquier modo que sea concebida, y no atendiendo a los hechos del mundo moral humano. E. Codignola

Bacon ya había descubierto tantas verda­des, que deja asombrados a los modernos más profundos e iluminados; escribía en el tiempo del renacimiento de la filosofía; por esto, siendo el primero, supo ver mucho más que lo que vieron infinitos sucesores suyos, con todas las luces más tarde ad­quiridas. (Leopardi)

Bacon significa un «atentado» contra el espíritu filosófico en general. (Nietzsche)