Comedia en tres actos de Manuel Bretón de los Herreros (1796-1873), cuya representación fue aprobada el 14 de julio de 1849, estrenándola como protagonistas Matilde Diez y Julián Romea. Sus personajes son: Luisa, don Diego, don Miguel, don Jorge y don Celestino; Marcelina y Antonio son los criados de la dama y de los galanes.
El argumento, gracioso y de fina y grata desenvoltura, se refiere a la oposición que a contraer nuevas nupcias mantiene Luisa, viuda joven, guapa y rica. A la ingeniosa aunque tonta treta que urden los tres obstinados galanteadores, de irse ofreciendo uno tras otro como marido, responde con la más absoluta si bien afectuosa negativa. Y he aquí las razones: que habiendo sido maltratada por su primer marido, no se casará más que con un hombre que demuestre su mansedumbre, su resignación a someterse en todo y por todo a la voluntad de su esposa.
Éste es el «momento psicológico» elegido para la aparición de don Celestino, que se finge débil, cobardón, ignorante, pobre, y una malva auténtica a los pies de Luisa. Lo único verdadero de él es su amor por ella, que en astuta combinación con el criado Antonio urde la farsa que le llevará al matrimonio. Pero como los otros tres enamorados rechazados por Luisa (don Diego, don Miguel y don Jorge) se indignan y arremeten contra el flamante marido, insultándole, amenazándole y cubriéndole de amarguras, Luisa desea, ¡ay!, que sea menos mansa y resignada la conducta de su esposo.
Celestino — que lo estaba esperando — se apresura a ejercer su auténtica personalidad y castiga airosamente a los galanteadores, uno por uno, ante la sorpresa y la admiración de su esposa, que declina, dichosa, sus afanes de mando conyugal (con los cuales vio que ponía en ridículo a su esposo) y acepta que él sea su señor ante el mundo, mientras es gustoso esclavo en sus brazos.
C. Conde

