[Human nature and conduct]. Ensayo de filosofía moral del pensador y sociólogo norteamericano John Dewey (1859-1952). Se compone de tres conferencias que el autor pronunció en 1918 en la Leland Stanford Júnior University, más tarde revisadas y ampliadas varias veces.
A la primera edición (Nueva York, 1922) siguieron muchas otras. Además de una introducción y una conclusión, ambas bastante importantes para el planteamiento filosófico y metodológico del problema, la obra consta de tres largos capítulos que tratan respectivamente de la conducta humana en relación con las «costumbres» (y por tanto con la influencia del ambiente social, que preforma o condiciona las determinaciones humanas); con los «impulsos» o instintos (importancia y significado de las leyes psicológicas generales, osea de la «naturaleza» psíquica de los sujetos); y con la «inteligencia» (problema del conocer y del querer; problema de la libertad y la responsabilidad).
El autor adopta un claro planteamiento empírico, partiendo de las Investigaciones de Hume, sin detenerse en los problemas de principio y método que dicho planteamiento comporta. Acentúa e ilustra la importancia de la «costumbre», entendida como hecho social, en polémica con los psicólogos que someten totalmente el hábito a las leyes generales, o sea a la naturaleza psíquica. Para Dewey la costumbre se diferencia de la naturaleza (impulso, instinto) en cuanto es un producto, por decirlo así, acumulativo y rígido por anteriores determinaciones de la voluntad singular y asociada; la voluntad a su vez se distingue de la naturaleza por estar basada en nuestra posibilidad de conocer y juzgar las cosas y los valores.
La costumbre es el factor continuo y pasivo de la conducta; el impulso es la espontánea y jamás domeñada substancia de la vida; la razón obra a través de libres selecciones, hechas posibles por el conflicto entre los varios impulsos y las diferentes costumbres. Estos conflictos producen situaciones de inestable y penoso equilibrio de la voluntad, fases de suspensión durante las cuales madura la «deliberación».
La voluntad no es, pues, nunca por completo un hecho sobrehumano o ideal, ni humano o natural; es una selección sobre los elementos proporcionados por el hábito y el impulso y siempre tiene una propia autonomía condicionada. Si no puede decirse que esta obra aporta una contribución fundamental a los grandes problemas de la libertad y el conocimiento, es rica en importantes observaciones menores y en elaboraciones sintéticas agudas y profundas. Es importante en ella la acentuación de la «sociabilidad» de las costumbres, como consecuencia de la conducta en general.
C. Pellizzi

