Mopsus, André Gide

Breve escrito de André Gide (1869-1951), publicado por primera vez en una revista en 1899 y luego en volumen en 1906, con Aminta [Amyntas], Hojas de ruta [Feuilles de route], De Biskra a Tu- gurt [De Biskra à Touggourt] y La renun­cia al viaje [Le Renoncement au voyage]. Todo este grupo está en estrecha relación con una de las obras más famosas de Gide, Los alimentos terrestres (v.); pero el ca­rácter de cada uno de estos textos es algo diferente.

Las Hojas de ruta no son sino las notas de un viaje efectuado por Gide en 1895-96 a Italia y a África del Norte, divididas en dos secciones [«Florence, Naples et Syracuse» y «Tunis et Sahara»] : son a modo de una paleta en la que el es­critor prueba los colores para las Nourritu­res terrestres. De Biskra a Tugurt son, en cambio, notas de viaje que valen por sí mismas, revelando una especie de compla­cencia estilística que las orienta hacia el poema en prosa y nos conduce, a pesar de «u fecha (fueron redactadas en 1900), al experimento simbolista de los años prece­dentes. La renuncia al viaje (1903) com­prende páginas del mismo tipo junto con otras muchas algo más acabadas y de ma­yor empeño, recogidas con la idea de com­poner un verdadero libro sobre el África del Norte, al que Gide no dio curso, re­conociendo lo fragmentario de su materia. En la trama intelectualística del discurso palpita y asoma la consabida invitación al viaje, una especie de «cupio dissolvi» naturista: «Par ces chaudes journées je songe à l’essor des nomades; ah! pouvoir à la fois demeurer ici, fuir ailleurs! ah! s’éva­porer, se défaire, et qu’un souffle d’azur, où je serais dissous, voyageât…!»

En todas estas páginas se hallan, pues, interesantes testimonios de la compleja personalidad de Gide. Pero entre las semejantes notaciones de diario que se proponen ser también tentativas de arte, el breve poema en prosa Mopsus, con sus doce estrofas, sobresale y se impone con su absoluta perfección. El escritor escapa aquí a la tentación estetizante y a la tensión febril y programática de Los alimentos terrestres. Bajo el signo de la égloga virgiliana, la apasionada evoca­ción del oasis de El-Kantara se explaya en la solemne placidez del idilio: las frases consiguen una desnudez esencial, hallan una cumplida armonía en el perfecto dise­ño de los períodos, ordenándose en un canto sosegado y pleno como pocas veces alcanzó el estilo de Gide.

M. Bonfantini