Miguel Ángel y el Final del Renacimiento, Henry Thode

[Michelangelo und das Ende der Renaissance]. Obra de Henry Thode (1857-1920), editada después del San Fran­cisco de Asís (v.) en 1902.

Mientras en su primera obra el autor relacionaba el movi­miento franciscano con los orígenes del arte renacentista italiano, en esta obra hace coincidir el final del Renacimiento con la divergencia entre la religiosidad cristiana y la forma pagana del arte, y a través de la personalidad de Buonarroti pretende ex­plicar todo el drama del arte cristiano a últimos del siglo XVI. Traza, pues, pri­mero, la biografía espiritual de Miguel Án­gel, pero la construye en gran parte «a priori» sobre teorías generales. Thode tiene por «credo» que la escultura sólo puede expresar el mito pagano, mientras la pin­tura está estrechamente relacionada con la mística cristiana: cuando llega a hablar de Miguel Ángel, expone el fatal conflicto entre la plasticidad clásica del artista y el espíritu cristiano de sus obras. Sigue un análisis de las esculturas de Buonarroti; Thode reconoce una neta influencia de lo antiguo en las obras juveniles, mientras en el sepulcro de Julio II advierte la fusión del espíritu cristiano con el clásico y, en la Capilla Sixtina, una manera casi mítica y pagana de tratar los asuntos del Antiguo Testamento.

Aquí se entretiene dando nu­merosas referencias bíblicas con minuciosos análisis estilísticos, a menudo verdadera­mente agudos. También las Tumbas Mediceas, de las que Thode habla en la segunda parte de la obra, son interpretadas como reconstrucción de un mito cósmico, hasta que en las últimas obras (Piedad Ronda- nini y Piedad del Duomo de Florencia) el estilo pictórico prodigiosamente elaborado del artista aparece al crítico como una re­velación del sentimiento religioso que do­mina a Miguel Ángel en los últimos años de su vida. Finalmente hay un capítulo dedicado a Miguel Ángel y a su actividad en la construcción de San Pedro. También en esta parte Thode demuestra poseer una viva sensibilidad en el análisis de las obras estudiadas. Sin embargo, la rigidez de sus supuestos teóricos le obliga a una inter­pretación unilateral, incluso forzada, incapaz de adaptarse en todas direcciones a la compleja y atormentada personalidad del maestro.

F. Wittgens