[El libro del maestro Mêng]. Obra subdividida en siete libros y catorce partes, del filósofo Mêng Ko (372-289 a. de C.), o sea Mencio, el Platón chino, el más brillante seguidor de Confucio.
El pensamiento fundamental del libro es la tesis que sostiene la bondad «a priori» de la naturaleza humana: «Todos tienen un corazón que no puede sufrir los padecimientos ajenos. Los antiguos lo tuvieron, por esto tenían un gobierno de conmiseración… Si alguien ve a un niño que está a punto de caerse a un pozo, tendrá, sin duda, un sentimiento de espanto y de aflicción; y no porque de ese modo pueda ganar algo de parte de los padres del niño, ni porque pueda ser alabado por sus paisanos y amigos, ni porque tema mala reputación en caso de no conmoverse por tal desgracia. De esto podemos deducir qué el que no tenga corazón para compadecer no es hombre; el que no sea sensible a la vergüenza¡ no es hombre; el que no tenga modestia, no es hombre; el que no distingue lo justo de lo injusto, no es hombre. La conmiseración es el principio de la humanidad; la mesura, de la propiedad; la vergüenza, de la justicia; el discriminar lo justo de lo injusto, del saber. Quien tiene estos cuatro principios y dice, sin embargo, que no puede desarrollarlos, se arruina a sí mismo». Ésta es la famosa «teoría de los cuatro principios».
Mencio sostiene que nuestra conciencia es «a priori» buena; buenos son los que la hacen desarrollarse, y malos los que la suprimen. El deseo de las cosas materiales constituye otro elemento del corazón, causa de la maldad, que es «a posteriori». Cuatro son, pues, las virtudes que es menester cultivar: la humanidad, la justicia, la propiedad y el saber. El cultivar la virtud consiste: en conservar la conciencia, medio principal del saber, ya que cuando la conciencia está limpia se conservan las cuatro virtudes; en cultivar el Ch’i, que aquí significa «voluntad» (Mencio distingue los elementos de la mente humana en tres aspectos: la razón, la voluntad y el deseo. La razón es la guía y la voluntad el ejecutor; cuando estas dos actúan de acuerdo se tiene el «ch’i vasto e inundante», que es gratísimo y fortísimo… y que «siendo alimentado con rectitud y sin daño, llena el espacio entre cielo y tierra… es compañero y asistencia de la justicia y de la razón»); al suprimirlos deseos, aunque nuestra conciencia sea buena, el deseo nos conduce a las injusticias y por lo tanto debemos suprimirlo; en fin, todos los esfuerzos del sabio deben tender a conservar el «Ch’i nocturno»; durante el día nuestra conciencia está oscurecida fácilmente por varios deseos y, por lo tanto, la naturaleza buena queda muy debilitada, mientras que en la tranquilidad y en el silencio de la noche nuestro espíritu se torna puro y se somete fácilmente a un examen interior.
Este estado de ánimo es llamado el «Ch’i nocturno»; si lo podemos conservar siempre, podremos mantener siempre una conciencia limpia. En cuanto a la política, el reinante debe ser virtuoso porque debe cuidar diligentemente del bienestar de su pueblo, el cual es considerado más importante que el reinante. Mencio propone que el pueblo debe tener la propiedad subdivisa e inalienable, y que se aplique el sistema de los «nueve cuadrados» (antiguo sistema agrícola en que los impuestos son substituidos por el trabajo de la tierra), para mantener la igualdad de la propiedad. Como su maestro, Mencio no cuidó la parte metafísica de sus teorías, las cuales, sin embargo, ejercieron inmensa influencia en los confucionistas posteriores, especialmente en los del tiempo de los Sung (906-1279) y de los Ming (1368-1644). Cfr. E. Haenisch, Mencius und Liu Hiang, zwei Vorkämpfer für Moral und Charakter (Leipzig, 1942); Stan. Julien, Meng-tseu vel Mencium (Paris, 1824-1829); J. Legge, The Chinese Classics, vol. I (Oxford, 1893); R. Wilhelm, Mong Dsi (Viena, 1921); trad. francesa de F.S. Couvreur (Les Quatre Livres, Ho Kien Fu, 1920); ital. de G. Tucci (Escritos de Mencio, Lanciano, 1921).
P. Siao Sci-Yi

