Examen de la doctrina de las generaciones espontáneas [Mémoire sur les corpuscules organisés, qui existen dans l’atmosphére. Examen de la doctrine des générations spontanées]. Memoria de Louis Pasteur (1822-1895), publicada primero en los «Annales des sciences naturelles (partie zoologique)», 4.a sec., XVI, 1861, p. 5-98, con 33 figs.; después, en los «Annales de chimie et de physique», 3.a sec., LXIV, 1862, p. 5- 110, con 33 figs.; finalmente, en el vol. II de las Oeuvres de Pasteur (París, 1922), en la página 210 y siguientes.
Los experimentos de Redi y Vallisneri hacía ya tiempo que habían decidido en cuanto al problema de la «generación espontánea» o «generatio equivoca» en la esfera de los -metazoos. Pero descubiertos por Antón Leeuwenhoek los «animalillos» (animalicula) de las infusiones, denominados después, por sugerencia de Sedillot, microbios, la disputa entre los heterogenistas y sus adversarios volvió a encenderse vivamente. Sobre todo giró en torno a las obras de Needham (apoyado por el naturalista Buffon) y de Spallanzani; y se concluyó en aquel período con la victoria de éste. Esto no obstante, la cuestión volvió a surgir, y precisamente después de publicarse un libro de Appert, confitero parisiense, libro en el cual describe un método de conservación de los alimentos. Este método, que después vino a constituir la base de la industria de las conservas alimenticias, consiste en cerrar herméticamente y calentar al baño maría los recipientes destinados a contener las substancias alimenticias. El procedimiento llamó la atención de Gay-Lussac, quien con la seguridad de ver a qué podía ser atribuida la falta de alteración de las substancias contenidas en los recipientes cerrados por el procedimiento de Appert, halló que en ellos el aire encerrado carecía de oxígeno.
Esta comprobación no pasó inadvertida tampoco para los heterogenistas, los cuales se apresuraron a afirmar que la no producción de «animalillos» en los vasos cerrados era debida a la presencia de aire «alterado». Por aquel tiempo Pasteur, ya llevados a cabo sus Estudios (v.) sobre las fermentaciones, se preguntó de dónde procedían los agentes en apariencia tan débiles, y en realidad tan poderosos, capaces de determinar fenómenos transformadores dé tanta importancia. Esta pregunta había de conducirle a examinar la cuestión de la generación espontánea, reafirmada, entre otros, por Pouchet, en 1858, en una sesión de la Academia. Ésta, para decidir la discusión, propuso en 18.^ , como tema del premio Ahumbert para 1862, procurar, por medio de experimentos rigurosos, arrojar nueva luz sobre la cuestión de las generaciones espontáneas. Pasteur abordó el tema, considerado como particularmente arduo, y el día 6 de febrero de 1860 comunicó los resultados de sus experimentos. Siguieron otras comunicaciones con fecha de 7 de mayo y 3 de septiembre del mismo año, hasta que presentó su Memoria definitiva, por la cual le fue adjudicado el premio.
Los experimentos de Pasteur, dirigidos a negar la heterogénesis, fueron decisivos y al terminarlos pudo concluir que el polvillo suspendido en el airé es origen exclusivo, y primera y necesaria condición, de la vida en las infusiones, y más en general, que «gases, fluidos, electricidad, magnetismo, ozono, cosas conocidas y ocultas, nada hay en el aire que, exceptuando los gérmenes contenidos en él, sea condición de vida». Al mismo tiempo añadía — demostrando una orientación de espíritu muy fértil después en resultados — que tales estudios «sería deseable llevarlos bastante lejos para preparar el camino a una seria investigación del origen de las enfermedades». Los experimentos de Pasteur, con respecto a los investigadores de hoy, parecen sencillos y elementales, y, con todo, al culminar con la condena de la heterogénesis, sirvieron para resolver una de las mayores cuestiones biológicas que se hayan podido agitar en tiempos pasados, cuestión que dividía el campo de los filósofos y de los naturalistas.
O. Verona

