Obra del literato y político español Gaspar Melchor de Jovellanos (1744- 1810), escrita en Muros (Galicia) y publicada por vez primera en La Coruña en 1811, con el título siguiente: Memoria en que se rebaten las calumnias divulgadas contra los individuos de la Junta Central del reino y se da razón de la conducta y opiniones del autor desde que recobró su libertad. Como ha escrito Ángel del Río, la memoria es la última obra de Jovellanos y la más patética de todas, porque en ella la protesta por el honor personal ultrajado se une con el dolor del patriota y los prudentes consejos del político. Escrita con un molde de corte clásico, define exactamente el espíritu, la gestión y las dificultades de la Junta Central constituida para aglutinar la resistencia contra los planes napoleónicos.
Al mismo tiempo, es un estudio muy interesante para adentrarse en la temática del constitucionalismo español del siglo XIX. He aquí algunos párrafos: «Sentimientos de odio y de amor, de temor o de interés, suelen mover poderosamente las acciones humanas. Y bien, ¿cuál de éstos pudo movernos a ser traidores a nuestro rey y a nuestra patria?… ¿Sería acaso el amor? Pero, ¿a quién? ¿Al monstruo de perfidia que tan vilmente había engañado a nuestro amado e inocente rey y oprimido a nuestra heroica y querida patria?… La Junta abrió su gobierno poniendo a su frente al hombre que era entonces más respetado de la nación… al que era proclamado el Néstor de España (el conde de Floridablanca)… Llamó también a su lado a los ilustres patriotas que gozaban de la confianza pública en el más alto grado. No fue el favor, ni la intriga, ni la amistad, ni el parentesco, ni el paisanaje, fue sólo el amor a la patria y el más puro deseo del acierto quien eligió los ministros; o, por mejor decir, no fuimos nosotros, fue la nación quien los eligió».
J. Regla

