Los Problemas Fundamentales de la Filosofía, Georg Simmel

[Hauptpr óbleme der Philosophie]. Obra del filósofo y crítico alemán Georg Simmel (1858-1918), publicada en Leipzig en 1910, donde el fino relativista alemán afronta y trata de plantear, según su método, los máximos problemas de la filosofía.

De ellos dice Simmel que no trata de ofrecer ni intentar una solución, sino de querer penetrar y describir el proceso vivo según el cual se plantean y resuelven. La filosofía es un pensar sin presupuestos: lo cual ha de entenderse como un ideal que, aunque inalcanzable, constituye la di­rectriz del pensar filosófico. Además, sólo en ella cada pensador determina lo que ha de preguntarse, disponiendo las preguntas en vista de las respuestas que quiere dar. Relatividad, pues, y subjetividad de la filosofía. Subjetividad que no significa arbitrio ni reflejo de los acontecimientos psíquicos in­dividuales, sino «espiritualidad típica», for­ma característica que se encarna en un hom­bre determinando su personalidad y sirve objetivamente como aspecto de cada espi­ritualidad humana. El hecho fundamental que puede servir como presupuesto univer­sal de la filosofía, se expresa en la fórmula «yo y el mundo». Esta oposición hace nacer el problema de la relación entre sujeto (yo) y objeto (el mundo).

El objetivismo y el subjetivismo tratan de resolver el problema eliminando uno de los oponentes y limitán­dose al otro (o el objeto en el sujeto, o el sujeto en el objeto): así el problema queda más bien negado que resuelto. Lo mismo puede decirse del monismo, que resuelve sujeto y objeto en una unidad superior, donde desaparece la oposición. La metafí­sica del platonismo descubre un «tercer rei­no» de contenidos ideales, que no es ni subjetivo ni objetivo, sino que- funde en conjunto subjetividad y objetividad y su relación: la verdad. Esta es la concepción que Simmel adopta como principio de ex­plicación del mundo de los valores: al mis­mo tiempo trascienden y no trascienden al mundo del Ser, se le oponen y a la par se funden con él. Pertenecen al «tercer reino», mantienen su valor autónomo independien­temente de encontrarse o no en la reali­dad, de ser sentidos o no por la conciencia psicológica de los hombres. Respecto a la realidad del hecho, son ideales, es decir, es­pirituales; ante la realidad subjetiva empí­rica son contenidos objetivos. En ellos se basa el acuerdo entre yo y mundo que es la meta ideal de los esfuerzos de la huma­nidad y la condición para plasmarse el mun­do humano como mundo espiritual.

La obra, aunque a veces sea teoréticamente débil y siempre vacilante, no carece de interés. El autor sigue con preferencia sus análisis y divagaciones, en lugar de ceñirse al des­arrollo lineal de su concepción; el pensa­miento simmeliano es más bien una con­ciencia crítica siempre tensa, un método vivo que se desarrolla a medida que es aplicado, en lugar de un sistema propiamente dicho que alinear junto a los demás.

G. Preti