Lengua y Pensamiento, Giulio Bertoni

[Lingua. e pensiero]. «Estudio y ensayo lingüístico» de Giulio Bertoni (1878-1942), publicado en Florencia en 1932. Según los principios crí­ticos que el autor desarrolla como com­plemento de sus trabajos lingüísticos y filo­lógicos, se afirma que la historia de la lengua se identifica con la historia del pen­samiento y que la historia de un pueblo es la de su lengua.

En ésta «se revela la historia veraz, ideal y eterna sobre la que la historia discurre a la vez que los acon­tecimientos, los hechos y las vicisitudes». Valiéndose también de anteriores afirmacio­nes de lingüistas y filósofos, Bertoni distin­gue entre lengua (entendida abstractamente como materia o patrimonio nacional) y lenguaje, que es la «lengua animada por el sentimiento, la fantasía y el alma del poeta»; tanto más si, abandonando los es­quemas naturalistas tan caros a la lingüís­tica tradicional, se infiltra en la misma dis­ciplina un soplo que sólo aparece en la crítica idealista y en el renacimiento de la estética italiana, desde De Sanctis a Croce. Después, debatiéndose entre contradicciones formales, en su empeño por lograr una nueva definición de la belleza, a través de una ión del lenguaje en obras de pensamiento y crítica, Bertoni explica, en varios ensayos, cómo «la historia de la lengua es, en parte nada despreciable, his­toria del tránsito de la forma al contenido, como acontece con las palabras usuales y comunes, que fueron actividad y se con­virtieron después en instrumento del pen­sar».

Complemento de la investigación teó­rica que refleja el título del libro son los estudios sobre la sintaxis de Maquiavelo y El príncipe (v.) y sobre la lengua de Galileo, Vico y Muratori, sobre la trecentista Vida de Cola de Rienzi (v.), el lenguaje místico de Santa Catalina de Siena, la prosa de Miguel Ángel, la lengua del rumano Ion Luca Caragiale, sobre el Cantar de Roldan (v.), sobre Iacopone, Christine de Pisan, Ariosto, Tasso, Leopardi y Mistral. Aun te­niendo en cuenta la diversidad de los ensa­yos, no siempre aparece clara la necesidad de distinguir lengua y lenguaje, más ligada a intereses del lingüista que del crítico. Por ello, el libro, a semejanza de los que le siguieron (Lengua y poesía y Lengua y cultura, v.) no encierra valor sino como colección de ensayos creados de acuerdo con las concepciones particulares de un crí­tico extraordinariamente experto en los he­chos de lengua, como lo fue el llorado romanista.

C. Cordié