[De lingua latina). Tratado lingüístico de Marco Terencio Varrón (116-27 a. de C.), en veinticinco libros, comprendiendo una introducción (I), un tratado de etimología (II-VII), otro de morfología (VIII-XIII) y otro de sintaxis (XIV-XXV).
Se conservan los libros V- X, de los cuales los tres primeros tratan de etimología, que se obtiene en cuatro grados. El primero es de forma vulgar e intuitiva, merced a la cual todos reconocen por el tema la etimología de la palabra; el segundo es la doctrina de las antiguas formas gramaticales, por las que se distingue qué palabras compuso el hombre, cuáles inventó y cuáles todavía son declinadas. El tercer grado, el más importante, es el de la interpretación filosófica: ciertos nombres, expresiones de conceptos jurídicos, religiosos y políticos precisan una explicación que ni el vulgo ni el gramático pueden dar. La filosofía llega donde nadie llegaría, y explica las cosas que de otro modo se mantendrían incógnitas. El cuarto y último grado es la iniciación a la verdadera ciencia lingüística, que no siempre es posible lograr; sin embargo, es grato pretender violar el misterio e incitar la esperanza; a esta ciencia se aproxima el estudioso cuanto le es posible si a la pura gramática de la escuela alejandrina une la experiencia filosófica del espíritu estoico. En los otros tres libros se discute cuanto se alega contra la analogía y lo que se afirma en su favor, y, finalmente, lo que atañe a su esencia.
Los datos de hechos, los documentos, pruebas y objeciones son expuestos bastante objetivamente en los dos primeros libros, derivados probablemente de la literatura gramatical anterior; la posición personal de Varrón aparece en el libro X, donde entre las dos tesis, de la analogía y de la anomalía, la evidente síntesis que deriva no es una superación dialéctica verdadera y propia, ni un «quid médium» perfecto y equidistante, pero se halla más cerca de la analogía que de la anomalía. Varrón admite, sin más, que el lenguaje es arbitrario, porque quien por primera vez inventa un vocablo ha llevado a cabo un acto de su voluntad; el lenguaje se convierte en cosa natural tan pronto como, por acuerdo de todos, tal vocablo se acepta para significar la misma cosa; y como del mismo modo que cuando en un principio la palabra fue creada no se lograba distinguir el momento de la arbitrariedad del de la voluntariedad, de igual modo en las sucesivas variaciones del mismo tema y en las continuas declinaciones, el fenómeno se reconoce mezclado con una u otra forma de la actividad humana: naturaleza, de una parte, arbitrio, ley y convención, de otra. Pero Varrón, que admitía una doble declinación, una natural y otra arbitraria, decía, no obstante, que en la primera se seguía la analogía y en la segunda la anomalía; la mayor inconstancia persiste en la aplicación de la anomalía; la mayor regularidad, por el contrario, en la analogía; estadísticamente es muy superior el número de las concordancias análogas que el de las discordancias anómalas.
La teoría del lenguaje, única entre las obras filológicas varronianas que se conservan, no sólo es notable para nuestro conocimiento, sino también porque permite reconstruir en sus principales líneas directrices la lingüística de los antiguos romanos, que en Varrón halló su verdadero sistematizador.
F. Della Corte

