Las Vidas de los más Excelentes Arquitectos, Pintores y Escultores Italianos desde Cimabue a Nuestros Tiempos, Giorgio Vasari

[Le vite de’ più ec­cellenti architetti, pittori et scultori italiani da Cimabue insino a’ tempi nostri], Es la obra más célebre de la historiografía artís­tica italiana escrita por el pintor y arqui­tecto aretino Giorgio Vasari (1511-1574) y publicada en Florencia en 1550; en 1568 se publicó una segunda edición en tres volú­menes, ampliada y modificada en su título (Le vite de’ più eccellenti Pittori, Scultori e Architettori… di nuovo ampliate, con i ritratti loro e con l’aggiunta delle vite de vivi et de} morti, dall’anno 1550 insino al 1567).

Según narra el propio autor, el libro fue compuesto, después de larga pre­paración, por instigación de un grupo de literatos que iban a casa Farnese, entre ellos Annibal Caro. Provisto de vastísima cultura, Vasari supo utilizar para su obra la mayor parte de los escritos acerca de arte anteriores a él, como los Comentarios (v.) de Ghiberti, el Libro de Antonio Billi, el Tratado de Arquitectura (v.) de Filaretes. Se sirvió, además, de los recuerdos y apun­tes de antiguos artistas y, sobre todo, del vastísimo material reunido en sus viajes por Italia, durante los cuales pudo observar innumerables obras de arte y recoger por todas partes noticias y tradiciones orales. Los conocimientos del escritor se muestran acrecidos todavía en la segunda edición de las Vidas, que cuenta muchas nuevas bio­grafías, especialmente de contemporáneos, mientras su conciencia histórica se profun­diza y su estilo se torna más trabajado.

El libro comienza con una introducción de carácter predominantemente técnico, a las tres artes mayores, reunidas bajo la común denominación de artes del dibujo, elemento dominante en la concepción de Vasari. Sigue un proemio que trata de los orígenes y vicisitudes del arte en los pueblos anti­guos y del principio de su decadencia en Roma, donde habían llegado a su máxima perfección. La decadencia se agrava en la Edad Media, con la «manera griega» (bizantina) y con la «alemana» (románico- gótica), hasta que, dejando la imitación de los griegos, las artes comienzan a resurgir con los maestros italianos, el primero entre ellos Cimabue. El Renacimiento (Vasari es el primero que usó este término) se realiza durante tres épocas o fases sucesivas, com­parables a la infancia, a la juventud y a la madurez, correspondientes a las tres partes de las Vidas. La primera comprende los maestros del XIII y XIV, como Cimabue, los Pisani, Arnolfo y Giótto, con los que el arte se va lentamente liberando de las for­mas convencionales de la Edad Media.

La se­gunda comprende los artistas del siglo XV, capitaneados por Brunelleschi, Donatello, Masaccio y Jacopo della Quercia, que se esfuerzan por conquistar la naturalidad en la representación con el estudio de la pers­pectiva y la anatomía y alcanzar por medio de la regularidad la perfección del estilo. Con todo, no hacen sino preparar, con su «manera seca», la época tercera, la edad de oro y perfecta de Leonardo, Rafael y Miguel Ángel, en que el conseguido dominio del natural permite la plena libertad a los ar­tistas. Sobre todos destaca Buonarroti, ge­nio insuperable y divino, más alto que los mismos antiguos. Esta grandiosa apoteosis de un artista viviente a cuya gloria sirven de pedestal los siglos precedentes, constituye en su primera redacción el rasgo más original y característico de las Vidas. En la segunda edición el concepto resulta menos claro por la cantidad de material añadido y las indi­caciones acerca de una cuarta edad — la contemporánea —, de fatal decadencia des­pués de Miguel Ángel.

El encuadre histórico de las Vidas, que se refleja en su estructura arquitectónica, no tiene, sin embargo, para Vasari valor esencial; a él no le preocupa, en realidad, un progreso anónimo del arte, como dos siglos después a Winckelmann en su Historia del arte de la Antigüedad (v.), sino, en primer lugar, hacer historia de unos hombres y de sus acciones. Su concepto de la Historia entendida como «magistra vitae» es el humanístico y pragmático del Rena­cimiento. La forma de su exposición es necesariamente la biografía, que se resuelve no en una reconstrucción de la personalidad artística, sino en la narración dramática de casos y acontecimientos. Hasta las obras de arte no valen para él como expresiones ab­solutas en sí, sino como testimonios de vida, frutos de aquella «virtù» que impele a todo artista a superar a sus predecesores y que es, por ello, el resorte del progreso en el arte, claramente afirmado por Vásari. La esencia del arte está en él defendida de modo incierto, aunque por lo regular con conceptos naturalisticoclasicistas. En efecto, la piedra de toque de la crítica de Vasari es la conciencia artística ecléctica y académica del siglo XVI avanzado; de ella descienden las reglas y los esquemas en que se funda su juicio; en primer lugar «dibujo» e «in­vención».

Con todo, estos dos elementos sirven a Vasari sobre todo para explicar el asunto, o sea el contenido exterior de las obras, en que se concentra su principal in­terés de narrador. En este aspecto, las Vidas deben considerarse también como obra de arte. Por medio de un lenguaje llano, claro, espaciado, al que hace más sabroso su fraseología técnica de taller, el escritor sabe describir felizmente pinturas y esculturas, sin analizar sus verdaderos valores, sino más bien considerándolos en su aspecto su­perficial psicológico e ilustrador, como lo demuestran, entre otras muchas, las célebres páginas sobre el «San Jorge» de Donatello, sobre la «Gioconda» de Leonardo, o el car­tón de la «Guerra de Pisa» de Miguel Ángel. Otra fuente de inspiración artística del libro son los caracteres y las vicisitudes humanas, de los artistas, de los cuales Vasari recuerda con particular simpatía los estudios apasio­nados, las duras dificultades, las victorias y las derrotas, las frases y las singularida­des.

Es más, de tal modo se entusiasma el escritor que a veces dispara, como en mo­vida novela histórica, obras y acontecimien­tos reducidos a puros pretextos narrativos. Con todo, es grandísimo el interés que las Vidas tienen como fuente histórica. Esta obra maestra de Vasari se hizo célebre rápi­damente también fuera de Italia, y ejerció poderosísimo influjo en los escritores de arte y biógrafos posteriores.

G. A. Dell’Acqua

…la lectura de estas Vidas es zarriamen­te deleitosa por la novedad y variedad de los pormenores placenteros, extravagantes o grandiosos, ora alegres, ora funestos, que se narran en ellas… Por otra parte, en ellas vemos los comienzos, los progresos, la per­fección, de las artes y de las ciencias, con que aprendemos a medir las fuerzas del ingenio humano, según las circunstancias en las cuales se encuentra, y con estas dos cosas al mismo tiempo nos acostumbramos a conocer al hombre, ya en la capacidad de su inteligencia, ya en los afectos de su co­razón, en que consiste la ciencia más im­portante que pueda estudiarse, y la menos sujeta a opiniones, y la más adaptable a los usos de la vida. (Parini)

Al escribir la vida de los arquitectos, pin­tores y escultores de Italia, dejó un tesoro de crítica sobre las bellas artes, y de anéc­dotas sobre los caracteres de los grandes artistas contemporáneos suyos, y al mismo tiempo un inagotable tesoro de formas de bellas dicciones. (Foscolo)

…están surcadas de relámpagos como ja­más brillaron en la Antigüedad. (B. Croce)

De la crítica histórica del siglo XVI a la moderna, nadie vio de modo más amplio y sincero que Vasari. (A. Venturi)