Las Pinturas de las Catacumbas Romanas, Joseph Wilpert

[Die Malereien der Katakomben Roms]. Estudio principalmente ico­nográfico de las pinturas de las catacumbas romanas, de Joseph Wilpert (1857-1944), continuación de la Roma subterránea (v.) de G. B. De Rossi; publicado en 1903. La obra requirió quince años de trabajo y reproduce las pinturas de las catacumbas (267 planchas: 133 en colores y 134 en negro) en unas 600 acuarelas.

Se divide en dos volúmenes: el primero trata de la técnica, del nexo entre pintura clásica y pintura cristiana, de los elementos decorativos y figuras tomadas del arte pagano, y del ori­gen, en su mayor parte bíblico, de las representaciones cristianas. Sobre la importante cuestión de si las pinturas son retratos rea­les de Cristo, de María, de los apóstoles, etcétera, el autor da una respuesta comple­tamente negativa, con reservas sobre las figuras de Pedro y de Pablo, sobre las cua­les (especialmente el segundo) existe un tipo fijo, o al menos convencional, que seguramente se basa en un conocimiento más o menos exacto del aspecto físico de ambos apóstoles. El autor deduce de sus indagaciones, criterios seguros y preciosos para determinar la edad de los frescos.

Los principios para la interpretación de las pin­turas sacras de las catacumbas (predominio de la idea de la salvación eterna, referida al difunto; presencia de plegarias tomadas de la antigua liturgia, llenas de evocaciones bíblicas, etc.) son aplicados a los principales ciclos de pinturas de los siglos II, III y. IV, señalándose su finalidad «no didáctica, sino parenética». En primer lugar se indica el estado en que los frescos han llegado hasta nosotros, sus reproducciones más o menos fieles en las obras de Ciacconio y de Bosio, a menudo erróneas en la de Avanzini, y casi caricaturescas en las de Bolletti y en Marangoni, hasta llegar a las De Rossi, no todas fieles, a causa también de la mala conservación de los originales.

La intro­ducción de la fotografía señaló el primer paso hacia el procedimiento adoptado por el autor, cuya descripción nos da. El se­gundo libro, el más extenso, trata del «con­tenido de las pinturas»: cristológicas, esce­nas del Bautismo y la Eucaristía, frescos del pecado y de la muerte, de la plegaria por los difuntos, etc. Todas estas investi­gaciones han mostrado la riqueza y el va­lor del tesoro de noticias que las catacumbas han conservado sobre las concep­ciones del cristianismo primitivo «con su perfectísimo, admirable acuerdo», especial­mente sobre la vida futura. Dos suplemen­tos enumeran los sepulcros pintados de las diversas catacumbas romanas: del perío­do de sepultura cristiana en catacumbas, doscientos diez, más doce del período pos­terior.

Este simple índice cronológico es bastante elocuente sobre la importancia de la colección, cuyo valor reside sobre todo en la perfección técnica y en la fidelidad de las láminas, habida cuenta además de que los originales parecen condenados a una decoloración gradual.

G. Pioli