[Die Wissensformen und die Gesellschaft). Obra del filósofo alemán Max Scheler (1874-1928), publicada en Leipzig, en 1926. Consta de dos voluminosos ensayos: «Problemas de una sociología del saber» [«Probleme einer Soziologie des Wissens»] y «Conocimiento y trabajo» [«Erkenntnis und Arbeit»] que habían sido publicados anteriormente en 1923 y 1924, y de un breve ensayo de menor importancia, «Universidad y escuela popular superior» [«Universität und Volkshochschule»]. En esta importante obra, Scheler presupone sus investigaciones de filosofía fenomenológica desarrolladas en el Formalismo en la Ética (v.); le guía en esta obra la convicción de que las investigaciones gnoseológicas, separadas del estudio sobre el desarrollo histórico y social de las formas superiores del conocimiento humano, resultan vacuas e infructuosas; lo único constante en el saber humano es la «razón» en su esencia más formal: la creencia kantiana en una absoluta invariabilidad de las formas y principios concretos de la razón humana es un «ídolo».
Por otra parte, la historia de la evolución y la sociología del saber humano resultan infructuosas si no están fundamentadas sobre una gnoseología muy consciente de sí misma. Toda época histórica y todo ciclo cultural en su totalidad, tiene sus «a priori» subjetivos, su tipo de intuición, de preferencias, de amor; el estudio de esta variabilidad de los «a priori» subjetivos, relativos a grupos y a épocas históricas, y de las aberraciones y de los «ídolos a que estas variaciones sociológicas dan lugar, es la tarea principal de la sociología de la cultura, de la cual la sociología del saber es una parte. Fundándose en este estudio se llega a eliminar el «a priori» subjetivo para captar en su propia objetividad las esencias en sí mismas. Pero el «a priori» subjetivo, y, por lo tanto, la sociología del saber que lo estudia, no tiene un significado puramente negativo; por el contrario, es un determinarse funcional de la «intuición de las esencias» y solamente por medio de este determinarse funcional se puede llegar en un momento y ciclo cultural determinados, a contemplar el mundo de las esencias. Uno de los problemas más interesantes de la sociología del saber es el de la relación entre la estructura del conocimiento y la forma de unidad social: «cada conocimiento, cada forma de pensamiento y de intuición presenta un carácter sociológico», en el sentido de que la selección del objeto del conocimiento y la forma del acto intencional, por medio del cual el conocimiento se realiza, están determinados de una manera sociológica, y viceversa, a toda especie de unidad social corresponde un carácter particular del conocimiento. A través de estos estudios, Scheler desarrolla un verdadero relativismo que se aplica sobre sí mismo en cuanto que «relativismo» o «historicismo» son a su vez devueltos a su génesis sociológica; en el fondo, a pesar de la agudeza con que Scheler estructura los problemas interesantísimos de la sociología del saber, considera todas las formas históricas del saber cómo desviaciones de la exclusiva y eterna contemplación del Ser, en la cual toda relatividad se anula y resuelve.
Es éste el tema que frente a la «Sociología del saber», el autor desarrolla en el segundo ensayo, «Conocimiento y trabajo». El hombre, en sí mismo, ¿es «homo rationalis» o más bien «homo faber»? Toda la civilización moderna que ha encontrado sus más preclaros portavoces en el pragmatismo y en el bergsonismo, tiende más al segundo lado de la alternativa. Mas para el autor, la alternativa misma es falsa; y el pragmatismo no tiene razón en cuanto resuelve el saber en una formación de imágenes del mundo y esquemas útiles para prever los fenómenos, mientras que el saber es un conjunto de actos intencionales dirigidos hacia las esencias de la realidad; pero el pragmatismo tiene razón en cuanto la relación primitiva del hombre — como de todos los organismos — con el mundo no es teórica, sino tecnicopráctica, y tan sólo lentamente el hombre se eleva hasta la consideración teórica, es decir, ontológica, de las cosas. Por esto Scheler no se da cuenta de que precisamente el trabajo y la actitud tecnicopráctica llevan en sí un momento teórico, es decir, que en éste se actualiza funcionalmente aquella intuición o visión de las esencias que, por sí sola, es una hipóstasis dogmática; y por esto no advierte que la historia sociológica del saber es, al mismo tiempo, la historia de las formas del trabajo, y de la funcional actualización de las formas trascendentales, y por sí solas vacías, del Ser. [Trad. española de José Gaos («Revista de Occidente», Madrid, 1935)].
G. Preti

