La Vida, hazañas y viajes al infierno de Fausto, Friedrich Klinger

[Fausts Leben, Thaten und Hóllenfahrt], novela filosófica alemana de Friedrich Klinger (1752-1831), fue publicada en 1791 en San Petersburgo, donde Klinger era lector del gran duque Pablo. El mismo autor, en una carta a Goethe, explica cómo fue su «inquietud interior» la que le em­pujó a investigar las razones de las cala­midades que azotaban el mundo político y moral en el cual él debía vivir en contraste con su ánimo. La obra, por consiguiente, como el Fausto de Goethe, nació de la ne­cesidad sentida por el autor, de representarse a sí mismo ante sus propios ojos, co­mo en una especie de humilde examen de conciencia que concluye en la absoluta im­posibilidad del hombre para juzgar al hom­bre y a sus actos. El Fausto de Klinger es al principio el tradicional filósofo mago, pero, además, es el inventor de la imprenta y un pobre padre de familia. Se había he­cho la ilusión de que su invento sería una fuente de felicidades para la humanidad y de bienestar para su familia, pero, con gran sorpresa, se da cuenta de que no despierta ningún interés, de modo que Fausto, ago­biado por la injusticia, evoca finalmente al Demonio, el cual, con risa burlona, le revela que la invención de la imprenta no es más que una excelente semilla para la conde­nación de la raza humana.

Obsesionado por el misterio del mal que aflige a la huma­nidad, Fausto pide al Demonio que le mues­tre la verdad del hombre. Leviathan, el de­monio que Satanás pone a su lado, le lleva entonces, rico y colmado de honores, en rápida carrera a través de las ciudades y países de Europa, quitándole toda ilusión acerca de las instituciones humanas. Faus­to mismo, en el mundo de los poderosos, se corrompe. El hombre social es esclavo del oro y de la envidia, el príncipe es siempre un tirano cruel que paga su tiranía con el remordimiento, la Iglesia está co­rrompida, y nadie se salva del cáncer que corroe al mundo civil. Es inútil que el hombre se atreva a querer reconstruir la justicia en una sociedad en que todos esconden su verdadero rostro, porque la ac­ción del malvado, aunque sea buena, lleva en sí el germen del mal y tiene consecuen­cias nefastas. Al final del viaje, Fausto, lleno de experiencia y hastiado de sus semejantes, arrepentido de haberse dejado engañar por la felicidad que el mundo ofrece, cree poder encontrar la paz en la modesta casucha de otro tiempo. Pero tiene que ver todavía las trágicas consecuencias de su vida disoluta: su hijo mayor ajusti­ciado, el resto de la familia, arruinada, pre­cisamente por obra de un hombre a quien él había favorecido. Llegado al colmo de la desesperación, perdida toda fe, Fausto, presa del demonio, es llevado al infierno, donde se le condena al tormento de la eter­na duda sin solución, terrible castigo para quien, siendo un hombre, no quiso resignarse a la dura ley humana y quiso subs­tituir a la misteriosa Providencia divina para revelar su misterio.

La novela es a modo de un comentario del Emilio (v.) de Rousseau, y los personajes declaman contra el contraste entre las puras aspiraciones de la naturaleza y las influencias deletéreas de la sociedad, entre el hombre civil de su tiempo y «el verdadero hombre, el hombre de la cabaña». Los poderosos son malos, como todos aquellos a quienes el oro toca. No faltan en esta novela las alusiones di­rectas a los alemanes contemporáneos, so­metidos a la tiranía de pequeños príncipes, sin ningún sentido de «aquella libertad y aquellos derechos del hombre» por los que en otro tiempo se batallaba en Europa. El Fausto de Klinger es, pues, autobiográfico, como lo fue desde cierto punto de vista el de Goethe, pero es la autobiografía de un alma atormentada y cerrada que no llegó a su purificación.

G. F. Ajroldi