La Tarea del Historiador, Wilhelm von Humboldt

[Über die Aufgabe des Geschichtschreibers]. En­sayo filosoficoestético de Wilhelm von Humboldt (1767-1835), leído en la Academia Pru­siana de Ciencias en 1821 y publicado en 1822.

Partiendo de las leyes del género épi­co, expresadas en el ensayo Sobre «Hermann y Dorothea» de Goethe (v.), el autor se de­tiene a considerarlas en cierto orden de dependencia; esto es, primera ley estética, la de la evidencia sensible, entendida con la transferencia al campo de la fantasía; se­gunda, la de la continuidad de desenvolvi­miento; tercera, la de unidad; cuarta, la del equilibrio de los distintos elementos; quinta, la de la totalidad; sexta, la de la verdad pragmática. Y, contraponiendo la verdad histórica, así la concordancia con la natu­raleza (objeto de observación) a la verdad poética, como la concordancia con la na­turaleza (entendida como objeto de la imaginación), el autor divide la verdad poética en tres formas: verdad de fantasía, verdad ideal y verdad pragmática, corres­pondientes, respectivamente, a la fábula, a la lírica y tragedia y a la historia.

Esta última excluye de sí todo cuanto no entra en el curso de la naturaleza, según las leyes físicas y morales, pero es necesario admitir que lo insólito y lo extraordinario son acordes al curso general de la natura­leza y al concepto de humanidad. La imagi­nación es necesaria también a lo histórico, porque ambas disposiciones, analogicológicas y sinteticointuitivas, entrando en el estado de contemplación, forman dos ele­mentos de intensidad variable. Intelecto y fantasía obran así sobre un elemento común que es la naturaleza; si una disposición predomina sobre la otra, se obtiene, alterna­tivamente, la épica o la historia. En ésta prevalece la facultad cognoscitiva y la ob­servación. Pero la facultad cognoscitiva y la observación, si se refieren al mundo moral, se resuelven en la historia; si se refieren al mundo físico, se resuelven en la descripción de la naturaleza. La historia, por tanto, hace verdadero objeto de sí misma a la realidad, y profundiza sobre ella; pero no se trata ya de la realidad empírica o contingente, sino de la realidad ordenada según sus formas necesarias, y descubierta en sus formas operantes.

Estas ideas, que provienen en parte de lejanas fuentes leibnizianas y platónicas, y en parte se refieren también a la concepción de la historia de los filósofos del idealismo, espe­cialmente de Fichte, son significativas, sobre todo por la concepción de la historia que nació del Humanismo de Weimar: de Herder, de Schiller, de Goethe. Y, en tal sentido, influyeron poderosamente sobre la historiografía que les sucedió, por ejemplo, sobre Ranke, y más adelante sobre Meinecke.

M. Maggi