[Psychologie ais Wissenschaft]. Obra filosófica de Johann Friedrich Herbart (1776- 1841), filósofo y pedagogo alemán, publicada en 1824-25.
El punto de partida metafísico de la obra es la concepción del alma como ser esencialmente simple e inmutable, que excluye cualquier pluralidad de estados, actividades o facultades. De ahí la negación absoluta de las ideas o facultades innatas, atribuyendo todos los fenómenos psicológicos complicados a la acción recíproca de estados psíquicos elementales del espíritu, producidos en las relaciones del alma con otros seres simples, o realidades, y por eso llamados actividades «presentativas». Si estas presentaciones son por completo homogéneas, se funden en una sola presentación compleja; en el caso contrario tienden a excluirse recíprocamente de la conciencia y a repeler las antagonistas en el subconsciente, como tendencia a volverse conscientes en cuanto remita la inhibición adversa.
Herbart indaga con gran agudeza analítica las leyes que gobiernan estos diversos casos, aplicando el cálculo matemático para determinar las leyes y las relaciones de intensidad y de variación entre las representaciones homogéneas contrarias. Así, por ejemplo, cuando se tiene dos representaciones «a» y «b» de igual intensidad, pero contrarias entre sí por su contenido, y que no pueden eliminarse mutuamente en el campo de la conciencia, el total de los obstáculos debe ser el mismo para una y para otra y el residuo igual a su diferencia. Si «a» se funde con «b», la sucesiva emergencia de «a» en la conciencia, tenderá también a hacer aflorar «b», pero solamente en el grado de intensidad consciente que «b» tenía en el momento de su original copresentación con «a».
La ingeniosidad de este análisis tiene más valor por sí mismo que por los servicios que prácticamente haya rendido a la psicología de la génesis de la representación espacial y temporal, como formas distintas de un orden en serie, debido a los diferentes modos de fusión, y más por la doctrina de la apercepción o función de asimilar las nuevas representaciones por parte de masas reunidas en el mecanismo psicológico, que ejercerían una especie de fuerza de atracción sobre ellas, asumiendo en sí las afines y procurando fundirse con ellas. La doctrina de la apercepción en un sentido amplio de asimilación mental o síntesis de lo nuevo con los conocimientos anteriores, y en la proporción en que nuestras experiencias anteriores tienen el poder de interpretarlas, es la deuda principal que la psicología y la pedagogía tiene hacia Herbart y que constituye el centro de la teoría educativa del herbartismo.
Para Herbart, como para todos los asociacionistas, la unidad del yo no es un principio creador eficaz, sino un producto de la mecánica de las representaciones, la resultante de un encuentro de diversas series representativas: varía por tanto al variar la incidencia de las distintas series. Pero cuando Herbart explica, por ejemplo, el fenómeno de la atención como una representación más viva que hace palidecer a las menos intensas, no tiene en cuenta el hecho de que la vivacidad de la sensación es precisamente un estímulo de nuestra actividad interior para determinar los procesos comparativos de las diferentes representaciones. Se ha criticado la pretensión de Herbart de hacer derivar los sentimientos, las ideas, las voliciones de las representaciones, como sus efectos secundarios. Se reconoce, sin embargo, el mérito de la teoría herbartiana del desarrollo psicológico, que motivó la investigación sobre el mecanismo de la vida humana y permitió encauzarlo por un terreno educativo.
G. Pioli

