[L’idée Fixe ou Deux hommes á la Mer]. Diálogo de Paul Valéry (1871-1945), publicado en 1934 y que se nos presenta como la obra más fácil y brillante del autor de la Introducción al método de Leonardo (v.). Está ocasionalmente dedicado a la ciencia médica, esto es, a la ciencia experimental por excelencia, pero su manera de tratar el tema se desarrolla en forma de conversación humana.
El autor, presa de un malestar provocado por atormentadores pensamientos, intenta rehacerse con una especie de excursión por los escollos del mar, en un bello día de pleno sol; allí encuentra a un ilustre médico parisiense, conocido suyo, provisto de una caña de pescar y de una paleta; medios con los cuales intenta distraer su espíritu fatigado y atormentado por una idea fija. El filósofo lo contradice prontamente, demostrándole que no hay nada más móvil que lo que se suele llamar «Idea fija» y que tiene precisamente la característica de presentarse a la conciencia con una frecuencia particular, en retornos cada vez más obstinados… y partiendo de este primer tema, la conversación se desarrolla a saltos y caprichosamente, examinando sucesivamente todos los campos del saber, tratando con momentánea insistencia problemas de metodología médica, rozando las teorías freudianas, ilustrando el famoso relativismo de Einstein, para volver con imprevistas transiciones al tema más angustioso y difícil: el de la relación entre la ciencia experimental y el conocimiento intelectual.
Este problema, que quiere ser y es el verdadero tema de toda la obra de Valéry, dirigida a representar en términos poéticos el drama del pensamiento en busca de una realidad absoluta probablemente inaccesible, se presenta aquí en forma de comedia, sin evitar los juegos de palabras y los de ingenio fáciles, rasgos que son propios de este género. Bajo las brillantes y divertidas réplicas del diálogo se transparenta, sin embargo, la angustia inevitable del espíritu humano en lucha con los espejismos del conocimiento, situado fatalmente entre el doble peligro de la «mecanización», a que lo expone el pleno abandono a la mentalidad científica común de las inverificables metafísicas que se va construyendo cuando se confía únicamente a sí mismo. Esta angustia está placenteramente aludida por el segundo título de la obrita, que puede significar «Dos hombres de mar», o «Dos hombres en el mar»; equívoco que puede ser tomado como símbolo de la aguda frivolidad y de la patética gravedad de que se compone el ingenio de Valéry.
M. Bonfantini

