La Fotografía de los Colores, Gabriel Lippmann

[La photographie des couleurs]. Obra del físico francés Gabriel Lippmann (1845-1921), publicada en las Actas de la Academia de París en 1891 y perfeccionada en otros tra­bajos posteriores. Lippmann ideó su pro­cedimiento partiendo del hecho de que la luz incidente sobre una superficie especular forma unas ondas estacionarias con la luz reflejada, hecho que Wiener había demos­trado experimentalmente el año anterior. Se forman en este caso unos planos de má­xima vibración, o ventrales, alternados con planos de vibración nula, o nodales, y los dos sistemas son paralelos a la superficie re­flejante. La distancia entre dos planos ven­trales consecutivos es constante e igual a la mitad de la longitud de onda de la luz empleada. Poniendo el estrato sensible de una placa fotográfica en contacto con una superficie reflejante de mercurio e ilumi­nando la placa por la parte del cristal, se pueden fotografiar las ondas estacionarias, puesto que la emulsión sensible es impre­sionada en correspondencia con los planos ventrales, mientras que queda inalterada en los planos nodales.

Revelando y fijando la placa, se obtienen en el estrato sensible una serie de estrías ennegrecidas paralelas y equidistantes de una media longitud de onda. Iluminando ahora la ‘placa con luz blanca y observándola por reflexión, se ve el mismo color que la luz que la ha im­presionado. Esto se debe a un fenómeno de interferencia ya anunciado por lord Rayleigh, por el que la serie de franjas parale­las refleja tan sólo aquella luz cuya lon­gitud de onda es doble de la equidistancia entre las laminillas mismas. Por lo tanto, si se fotografía con este procedimiento un objeto coloreado y se observa la placa por reflexión, se ve la imagen del objeto con sus colores naturales. El procedimiento Lipp­mann tiene gran importancia teórica, pero no correspondió a las esperanzas que al principio se tuvieron, de que tuviera apli­cación práctica. La necesidad de emplear emulsiones de grano muy fino, y por lo tanto poco sensibles, obliga a exposiciones muy largas, haciendo casi imposible el re­trato. Además, la delicada manipulación que hay que aplicar al negativo, la dificultad de observación que ha de hacerse por reflexión según un ángulo bien determinado, y la imposibilidad de hacer copias no han des­pertado el interés de la gran masa de los aficionados.

G. Toraldo di Francia