La Energía Espiritual, Henri Bergson

[L’energie spirituelle]. Obra de publicada en 1919. El autor reúne en ella diversos estudios, ensayos y confe­rencias: «La Conciencia y la Vida» [«La Conscience et la Vie»]; «El Alma y el Cuer­po» [«L’Ame et le Corps»]; «Fantasmas de vivientes y encuestas psíquicas» [«Fantomes de vivants et recherches psychiques» ]; «El Sueño» [«Le Reve»]; «El Recuerdo del pre­sente y el Falso reconocimiento» [«Le Souvenir du présent et la Fausse reconnaissance»]; «El Esfuerzo intelectual» [«L’Effort intellectuel»]; «El Cerebro y el Pensamien­to» [«Le Cerveau et la Pensée»]; «Una ilusión filosófica» [«Une illusion philosophique»].

En todos los estudios el punto de vista adoptado es fundamentalmente psi­cológico: en las «relaciones de la concien­cia y de la vida», es preciso ante todo examinar aquéllas existentes entre la con­ciencia y el cerebro. La conciencia es in­definible: sólo la experiencia directa y constante nos la hace conocer. Conciencia significa en primer lugar memoria: ¿una conciencia que se olvida a sí misma, ha­blando con propiedad, qué es sino la in­consciencia? Pero la conciencia es también anticipación del porvenir, atención a la vida, a lo que es, pero, sobre todo también a lo que va a ser. Se encuentra aquí uno de los temas, una de las «directrices» del pensamiento bergsoniano: la conciencia es examinada aquí solamente como un movi­miento entre el pasado y el futuro. Otro problema? ¿puede separarse la conciencia de la vida? ¿Son conscientes todos los se­res? Toda vida, responde Bergson, es crea­ción y «como, para crear el futuro, es pre­ciso preparar algunas cosas en el presente, como la preparación de lo que será no pue­de efectuarse sin la utilización de lo que ha sido, la vida se cuida, desde el prin­cipio, de conservar el pasado y anticipar el porvenir…».

Por lo tanto se debe afir­mar que la conciencia es coextensiva a la vida misma. El cerebro es el órgano de «atención a la vida», el órgano motor que traduce en gestos, actitudes, etc…. los sen­timientos de la conciencia. Pero es también el órgano inhibidor de los sueños, de las imágenes molestas para la vida cotidiana: el sueño corresponde, pues, a una debilita­ción de esta «atención a la vida». Los sue­ños no están fabricados de nada, sino a partir de los estímulos sensoriales que el organismo recibe continuamente. Fusión en­tre memoria y sensación, su mecanismo no difiere mucho del de la percepción, a no ser por la menor atención prestada a la vida concreta, lo cual explica la rapidez de los sueños, por estar el espíritu comple­tamente libre, fuera de la vigilancia de lo real.

Por la debilitación cerebral se ex­plican también, para Bergson, la alucina­ción, el «falso conocimiento», la visión pa­norámica de la vida que tiene el ahogado, el alpinista, el soldado que se sabe descu­bierto por el enemigo: este resurgimiento de la totalidad del pasado es debido a un brusco y total desinterés por la vida, naci­do de la convicción de que se va a morir al instante. En el «Esfuerzo intelectual», estudia el filósofo la dirección del pensa­miento y el uso de las imágenes mentales, y señala que a menudo la aparición de éstas está regida por su significación. En cuanto a la «Ilusión filosófica», es el paralelismo psicofísico, mientras es concebido bajo un dogmatismo metafísico.

La experiencia, dice Bergson, no nos muestra la existencia de tal paralelismo: no se sabría, pues, sostener de modo absoluto que lo cerebral es lo equivalente de lo material; el cuerpo y el espíritu no están ligados de modo inse­parable y la vida íntima del espíritu no se inscribe sino muy vagamente en el cerebro. A propósito de la alucinación verídica, que Bergson relaciona con la explicación de una debilitación momentánea del cerebro, se podría responder que es extraño que esta debilitación sobrevenga precisamente en el momento en que el suceso, que es objeto de la alucinación, se produce. En cuanto a la concepción de la conciencia como un puro movimiento desde el pasado hacia el porvenir, se podría también argüir que la conciencia no puede ser este lazo de unión, por el solo hecho de ser un presente, lo cual es negado por Bergson.