La Encuesta Sobre la Monarquía, Charles Maurras

[L’enquéte sur la Monarchie], Encuesta llevada a cabo por Charles Maurras (1868-1952), en la «Gazette de France» y reunida a continuación en un volumen (1900).

El libro tuvo numerosas reediciones, siendo la más importante de ellas la apa­recida en 1924, publicada por la «Nouvelle Librairie nationale», a la que acompaña un largo discurso preliminar. Se trata de uno de los libros políticos de mayor importancia de principios del siglo XX, sobre todo si se piensa que con él se inaugura el movi­miento monárquico de la «Action Française». Es la primera obra política del au­tor, que hasta ese momento no había escri­to más que cuentos y ensayos filosóficos o literarios. En 1900 hacía ya dos años que el movimiento de la «Action Française» había sido fundado por Maurice Pujo y Henri Vaugeois, pero era a la sazón un simple grupo de republicanos nacionalis­tas: de entre sus miembros, sólo Charles Maurras había llegado a la conclusión de la necesidad de un retomo a la monarquía.

La Haute-Cour acababa de desterrar a An­dré Buffet y Eugene de Lur-Saluces, re­presentantes en Francia del pretendiente. Charles Maurras marchó a Bruselas a visitarles y les preguntó cómo concebían ellos la monarquía en nuestro tiempo. Las entre­vistas entre ambos políticos abrieron la en­cuesta que fue promovida por Maurras en el viejo periódico realista la «Gazette de France»; los representantes del Príncipe afirmaron que la monarquía debía serlo en su más alto grado, es decir libre de la elec­ción tradicional, fundada sobre la heren­cia. Pero al mismo tiempo — y con ello insistían en una de las más antiguas preocu­paciones de Maurras — demostraban que, restablecida la fuerza del Estado, debía asimismo ser restablecida la del ciudada­no, por la restauración de los distritos y provincias con su autonomía en el interior del suelo nacional, en una palabra, que la monarquía tradicional, hereditaria, no po­día existir sino descentralizada.

La cuestión que planteó Maurras, a fines de julio de 1900, en las columnas de la «Gazette de France», era la siguiente: La institución de una monarquía tradicional, hereditaria, antiparlamentaria y descentralizada, con­viene al bien público ¿sí o no? Entre las respuestas que llegaron hasta el mes de noviembre, destacan las de Paul Bourget, Maurice Barres, Henri Vaugeois, Lucien Moreau, Charles le Goffic, Henri Bordeaux, Jacques Bainville, Lionel des Rieux, Louis Dimier, Léon Montesquiou, Sully Prudhomme, Albert Amavielle, Frederic Amouretti, Jules Lemaitre… Muchas de estos escritores se unirían más adelante a la «Action Française». La mayor parte de las respuestas a la Encuesta, atestiguan a la vez un gran cansancio respecto a las insti­tuciones republicanas y una profunda duda en cuanto a la posibilidad práctica de la restauración de una monarquía.

Paul Bour­get y Jacques Bainville se adhieren por completo. Maurice Barres, aún concediendo a Maurras que es preciso una «razón que domine en el Estado», muestra la pérdida de la fidelidad monárquica y la decadencia de la aristocracia. Y sobre todo, según una constante de su pensamiento, rechaza la ig­norancia de un siglo de historia republi­cana e imperial de Francia. Son también las fuerzas del sentimiento popular, las que Léon de Montesquiou y Henri de Vaugeois presentan frente a los argumentos de Mau­rras, en los que, por otra parte, reconocen una verdad. En cuanto a Lucien Moreau, expresa su desconfianza en el viejo perso­nal monárquico, hidalgos venidos a menos o corrompidos por el parlamentarismo; a lo que responde Maurras: «¿Usted descon­fía?… Hágase monárquico usted mismo y el riesgo disminuirá un tanto…». Y así la mayor parte de los corresponsales de Mau­rras, si no habían respondido expresamente sí, se mostraban muy conmovidos por sus razonamientos.

Pues el autor añadía a cada respuesta un largo comentario en el que resolvía las objeciones y, sobre todo in­tentaba realizar la más amplia síntesis po­sible. La Encuesta sobre la Monarquía se propuso como una teoría de la Francia tradicional, ofrecida como meditación a todos aquellos a quienes no satisfacía la Re­pública y se mostraban ansiosos por la sa­lud del Estado. La obra naturalmente ha envejecido en cuanto al objeto de las de­mostraciones de Maurras. Pero sin duda alguna, en ninguna parte ha dado mejores muestras el escritor, que entonces contaba treinta y dos años, de su «genio socrático» y de su pasión por convencer. No parece, por otra parte, que él considerase la «En­cuesta» como un libro acabado: se trataba en efecto más de una encuesta sobre los hechos que sobre los hombres.

El único punto de vista adoptado por el autor para su juicio es el de la salud nacional, el in­terés de la «Francia sola»: reduciendo todos los problemas políticos al «común deno­minador del interés nacional» (pues la na­ción es, para Maurras, la forma de socie­dad más evolucionada después del derrum­bamiento de la Cristiandad), el autor aclara todos los problemas dependientes: defensa militar, finanzas, libertades de las provin­cias, de los distritos y del ciudadano. A par­tir de este punto de vista funda su empi­rismo organizador que no busca una ley general de la historia, sino las simples constantes históricas que. permiten la in­teligencia de los complejos políticos. Tal régimen, tales instituciones o tales ideas han producido buenos resultados para la nación, tales otros los han producido ma­los. Estas comprobaciones elementales, que Maurras acompaña de una riquísima expe­riencia histórica, exigen una selección muy rigurosa: desde que ha admitido que el interés nacional está por encima de cual­quier otro, el interlocutor se ve obligado poco a poco a concluir que «el único es­fuerzo útil, a pesar de todas las dificulta­des» es el de «establecer la monarquía en el pensamiento, a fin de lograr su instau­ración en los hechos».

Este libro vino a col­mar un deseo de Barres, que hacia 1898 quería que los nacionalistas tuvieran una doctrina. La Encuesta desarrolla la del «na­cionalismo integral»: pero si la monarquía es presentada con toda la seducción de una lógica rigurosa, son sin embargo muchos los que reprocharon justamente a la En­cuesta al reducir la monarquía a un siste­ma político, y haber omitido el carácter religioso y en cierto modo sagrado que en la historia tuvo la realeza francesa.