La Cuestión Palpitante, Emilia Pardo Bazán

Con este título publicó Emilia Pardo Bazán (1852- 1921) en el diario madrileño «La Época», durante el invierno de 1882 a 1883, una serie de artículos sobre el Naturalismo (v.) de Zola. He aquí sus títulos: «Hablemos del escándalo», «Entramos en materia», «Se­guimos filosofando», «Historia de un motín», «Estado de la atmósfera», «Genealogía», «Prosigue la genealogía», «Los vencidos», «Los vencedores», «Flaubert», «Los herma­nos Goncourt», «Daudet», «Zola: su vida y su carácter», «Zola: sus tendencias», «Zola: su estilo», «De la moral», etc.

Para el autor francés, el arte no es más que la realidad vista a través de un temperamento. El ar­tista debe limitar su intervención a reflejar hasta el último detalle las cosas sin que su fantasía pueda alterarlas. Emilia Pardo Ba­zán ataca el Naturalismo en cuanto pretende crear un arte que sólo refleje lo feo y enfermizo, pero defiende la literatura realista que se apoya en la observación directa y minuciosa de la naturaleza y procura equi­librar los elementos de signo contrario que, en ella, conviven y se entrecruzan. Ya ha­bía escrito en Un viaje de novios (v.), pu­blicado un año antes: «No censuro la ob­servación paciente, minuciosa, exacta, que distingue a la moderna escuela francesa; al contrario, la elogio; pero desapruebo co­mo yerros artísticos la elección sistemática y preferente de asuntos repugnantes o desvergonzados, la prolijidad nimia, y a veces cansada, de las descripciones, y, más que todo…, la perenne solemnidad y tristeza».

La escritora gallega propone, como fórmu­la de arte, el realismo español del Quijote y la Celestina, de Tirso y Ramón de la Cruz, en el cual se alternan, como en la vida, las notas alegres y sombrías, porque, «siendo la novela, por excelencia, trasunto de la vida humana, conviene que en ella turnen, como en nuestro existir, lágrimas y risas, el fondo de la eterna tragicomedia del mundo». En 1886, fue publicada en París traducida por Albert Savine.

Una vez más, como Feijoo — su paisano —: una personalidad hispana sin renegar de sus condiciones de raza, ni de sus confesionalismos, podía unir la moda europea a una fuerte corriente tradicional. (A. Valbuena Prat)